¿Ya leíste el 1er capítulo de “Castillo en el Aire” de Susana Mohel?

13059838_1805649609656778_1380362630_nSusana Mohel compartió con sus seguidoras el primer capítulo de su próxima novela “Castillos en el Aire”, que viene a ser la secuela de “Cómo agua entre los dedos”, sólo que en este caso conoceremos más de cerca la historia de Ariel, la amiga d Roselyn,  esa joven que siempre se mostró tan misteriosa en el primer libro, y de quien estoy segura, todas quedamos con ganas de saber más. ¿A que sí?

Pues aquí les dejo solo un poquito de este muy interesante primer capítulo de este nuevo libro, que saldrá el próximo 5 de mayo… estoy segura que al leer esto, se quedarán con ganas de saber más!

¡Disfrútenlo!

(…)

Soy Ariel Wilkinson y, aunque todavía no estoy lista para contarte toda mi historia, puedo asegurarte que el camino que he andado hasta ahora ha estado sembrado de espinas, pensé que las rosas no crecerían jamás en mi jardín.
Hasta ahora.
He vivido en la calle, literalmente durmiendo bajo un puente, uno que no queda a más de media milla del lugar en que vivo ahora. Sé lo que es aguantar hambre, soportar frio y calor, sin tener un lugar en el que refugiarte. Sin embargo, jamás me di por vencida. Jamás dejé de creer. Jamás dejé de luchar.
Le paso a la chica de la recepción unos cuantos billetes de cien, los suficientes para cubrir la cuenta y salgo del local sintiendo que el día es más bonito que cuando entré hace unas horas. El sol es más brillante, el viento sopla más fresco, la gente en la calle sonríe a mi paso.
Incluso creo que hay menos tráfico.
Imagínate, poco tráfico en pleno centro de San Diego.
Así de bonito está el día de hoy.
A pesar de que muchos pudieran pensar que había tocado fondo, hice mi mejor esfuerzo por mantener la dignidad. Me negué a prostituirme, a vender drogas y a robar. Incluso me negaba a limosnear, ¿por qué habría de hacerlo si mis manos seguían en perfecto estado de funcionamiento? No, en mi cabeza eso jamás tuvo sentido.
Barrí muchas aceras, frente a locales comerciales y algunas casas. Lavé vidrios, sin importarme qué tan grande fueran los ventanales. Saqué basura, limpié jardines, y eso, damas y caballeros, fue lo que me trajo hasta el lugar en el que vivo hoy en día. El señor Hatz, el dueño del condominio me ofreció un trabajo en serio después de haberme ofrecido a barrer la acera y el jardín central en más de una ocasión, pidiendo a cambio solo una comida caliente. El hombre decidió tomar el riesgo, creer en la chica medio mugrosa, de pelos de colores que no dejaba de rondar su propiedad. ¿Que si acepté? ¡Ja! Estoy loca, pero no tonta, el pobre hombre no había terminado de resumirme mis obligaciones y beneficios, cuando yo ya estaba saltando sobre él, prometiéndole que nunca se iba a arrepentir de haber creído en mí. Y hasta el día de hoy, sigo honrando esa promesa.
No lo hago por necesidad, ahora tengo el suficiente dinero para pagarme un apartamento decente, lo hago por lealtad. El señor Hatz es mucho más que un jefe, en los tres años que tengo viviendo aquí en Elemental Lane, se ha convertido en un padre para mí. Un padre terco y cabezota, que no quiere recibir un centavo por dejarme seguir viviendo en mi pequeño apartamento.
Y fue precisamente, en ese apartamento donde la magia ocurrió.
Yo estaba buscando financiamiento para mi proyecto, un préstamo en un banco que queda aquí bastante cerca. No tenía idea de esas cosas, sigo sin enterarme, el cuento es que, armándome de valor, decidí que debía dar el siguiente paso, así que llené los papeles y me presenté en la oficina a esperar a que me atendieran. La verdad es que necesitaba ese dinero con más urgencia de la que quería admitir, no había más salida.
Y ahí todo se jodió.
Ahí tuve la suerte de encontrármelo.
A él, al trajeado.
Él, tan estiradito, con esa ropa tan bien planchada y almidonada, todo perfumadito y repeinado. Él con sus hombros anchos y sonrisa de anuncio de dentífrico,
Maldito metrosexual, siempre insinuando estupideces, riéndose de mí, burlándose de mi proyecto.
Incluso llegó a reírse de mi nombre.
Pendejo.
¿Quién en el siglo XXI se llama Lancelot?
¿Qué se cree, de la realeza?
Si ese estirado también sangra, igual que el resto de los mortales. Aunque lo hayan mandado a un internado de esos en donde te meten una varilla de acero por el culo, para que jamás pierdas la compostura ni encorves la espalda.
Ese hombre me irrita.
Ese hombre saca lo peor que hay en mí.
¡Es arrogante!
Desesperante.
Es… un orgasmo andante.
Espera… yo no dije eso.
Bueno, al menos no de forma consciente.
Estoy bien jodida.
Demente.
Lo bueno es que ya no tengo que volver a verlo. Nunca. Jamás en toda mi vida.

(…)

Disfruta el capítulo completo AQUÍ.

¿YA LEISTE EL ADELANTO DE MANHATTAN EXCITING LOVE?

12507122_487226378127228_6808127210253085050_n-1Cristina Prada compartió con sus seguidoras, un adelanto de siguiente novela, “Manhattan Exciting Love”.

De mi parte, sólo les puedo decir que espero, de todo corazón, que la protagonista de esta novela no sea tan sumisa como Katie y no me despierten esas ganas de tomarla  de los hombros y hacerla reaccionar.

Aquí les dejo el adelanto! en el que conocemos un poco de Coonor, Jackson y Lara y la sinopsis al final de este.

Disfrútenlo!

(…)
—Buenas tardes, ¿mesa para uno? —me pregunta.
—En realidad, para tres.
—¿Tenía alguna reserva?
Tuerzo el gesto. Lo cierto es que no lo sé, aunque imagino que sí.
—Colton —pronuncia una voz impaciente a mi espalda—, y seremos cuatro.
El maître asiente y yo me giro sorprendida. ¿Qué hace él aquí? ¿Qué hace Jackson aquí? Nunca, jamás, ha venido a una comida al club de campo.
—Parece que alguien le ha comido la lengua a la ratoncita —comenta burlón.
—Deja de llamarme ratoncita —protesto.
Jackson sonríe absolutamente impertinente, dejándome claro que no le importa lo más mínimo lo que quiera o no; y yo, literalmente, comienzo a hervir de rabia.
Genial. Sólo ha necesitado una frase y dos minutos para enfadarme como nunca lo he estado.
—Por favor, si son tan amables de seguirme —dice el maître saliendo de detrás de su atril—. Su mesa está lista.
Jackson da un paso hacia mí y se inclina lo suficiente como para que sus labios casi rocen el lóbulo de mi oreja.
—Al final no vas a tener más remedio que comer conmigo —susurra.
Sin darme oportunidad a responder, se separa y da un paso atrás esperando educadamente a que yo pase primero, con sus ojos verdes desafiándome en silencio. ¡Qué capullo! Entorno la mirada y lo asesino con ella. Sin embargo, mis intenciones caen en saco roto cuando me fijo en su indumentaria. Lleva el uniforme de polo: botas de montar marrones, pantalones blancos ajustados y una chaqueta deportiva azul marino que sin duda esconde un elegante polo del mismo color. De repente me sorprendo a mí misma con mi propia lista de fantasías de Jackson. El pantalón de polo está justo por encima de Jackson con traje a medida negro y por debajo de Jackson con esmoquin de Valentino. Ese esmoquin es difícil de olvidar.
El maître y el propio Jackson me miran esperando a que empiece a caminar. Yo resoplo y, malhumorada, echo a andar. No quiero comer con él, quiero estrangularlo.
El empleado aparta mi silla. Se lo agradezco con una sonrisa y tomo asiento. Jackson lo hace frente a mí. Nos entrega la carta y la abro inmediatamente, escondiéndome tras ella. ¡Estoy muy enfadada!
—¿Puedo traerles algo de beber?
—Vino —responde Jackson—, un Charmes-Chambertin del 88.
El maître asiente y, cuando da un paso para retirarse, yo carraspeo suavemente llamando de nuevo su atención. Jackson alza la mirada de la carta y me observa sin ninguna amabilidad en su mirada.
—Para mí, agua, por favor —pido.
—¿Evian, San Pellegrino, quizá con gas?
—San Pellegrino sin gas estará bien.
Asiente de nuevo y se retira definitivamente.
Jackson todavía me observa.
—Prefiero comer con agua —respondo sin amilanarme— y prefiero pedir mi propia bebida. Si hubieses preguntado, lo hubieras sabido.
Jackson se humedece el labio inferior discreto y fugaz sin levantar sus ojos verdes de mí. Otra vez me está estudiando. ¿Qué es lo qué quiere saber? ¿Por qué está aquí? Después de la fiesta, ¿no debería estar despertándose rodeado de piernas y lencería de encaje de La Perla? Tuerzo el gesto y aparto mi mirada concentrándola en la carta. Me da igual lo que haga y con cuántos pares de piernas lo haga.
Llega el camarero. Sirve el agua y, ceremonioso, abre la botella de vino. Se lo da a probar a Jackson y, ante su gesto afirmativo, sirve las copas. En cuanto la botella se separa de la mía, la cojo con dedos temblorosos y me la llevo a los labios. Lo necesito.
—¿Desean que les traiga algún entrante mientras esperan a los otros comensales?
—Tomaremos carpaccio de ternera —vuelve a responder Jackson por los dos— y endivias salteadas con miel y nueces.
—Muy bien, señor. ¿La señorita desea algo más?
Reviso la carta rápidamente. Lo último en lo que estaba pensado era en comida. Jackson se acomoda en la silla y se pasa la mano por su pelo suavemente rizado y revuelto.
—¿También vas a pedir tu propia comida para ignorarla y comer lo que yo haya elegido? —comenta arrogante, impertinente, impaciente.
Por un momento no sé a qué se refiere, pero entonces me doy cuenta de que aún tengo la copa de borgoña en la mano mientras el agua está sola y olvidada. ¡Maldita sea!
Automáticamente dejo la copa sobre la mesa, malhumorada.
—Eso será todo, gracias —le digo al camarero, que asiente y se retira.
Jackson sonríe satisfecho y le da un sorbo a su copa de vino. El movimiento hace que mi mirada se pierda inmediatamente en sus labios.
Mala idea. Muy mala idea.
—Easton me ha contado que te has reunido con Nadine Belamy.
Asiento sin prestarle más atención, concentrándome de nuevo en la carta.
—Está muy preocupado, pero también muy orgulloso. Me dijo que esta especie de reto te vendría bien, porque eres una ratoncita de biblioteca que necesita conocer un poco de mundo. Me pregunto hasta qué punto será verdad.
Alzo la mirada de nuevo. ¿A qué ha venido eso?
—No soy ninguna ratoncita de biblioteca—me defiendo.
—¿Tienes novio? —pregunta ignorando por completo mi comentario.
—Sí —miento.
Ni siquiera tendría que haberle contestado. Esa pregunta está totalmente fuera de lugar.
—Me estás mintiendo.
—¿Cómo lo sabes? —lo desafío impertinente—. No eres tan inteligente como seguro que te dices por las noches antes de irte a dormir.
Le dedico mi mejor sonrisa fingida. Estoy claramente a la defensiva, pero no me importa. Todo es culpa suya.
—Porque ninguna chica que esté acostumbrada a que un hombre la vea desnuda se pone tan nerviosa con otro, ni siquiera una ratoncita de biblioteca como tú.
—¿Por qué siempre tienes que ser un capullo conmigo? —me quejo exasperada.
No es justo.
—Siempre es un poco exagerado, ¿no te parece? —comenta apoyando los brazos en la mesa y echándose ligeramente hacia delante.
—Primero en tu oficina y ahora aquí; para mí, eso es siempre —me reafirmo.
—Siento que tu triste vida se limite únicamente a mí —comenta encogiéndose de hombros—, pero puedo asegurarte que eso no es siempre —añade con un impertinente retintín en la última pablara y sonriendo una vez más. ¿Alguna vez piensa dejar de hacerlo? Yo abro la boca dispuesta a llamarle de todo—. Además —me interrumpe—, ¿se te ha olvidado que ayer también coincidimos?
Su pregunta me deja fuera de juego.
Atrapa mi mirada y yo carraspeo y aparto la mía. No le puedo permitir leer en mis ojos todo lo que estoy pensando ahora mismo.
—No se me ha olvidado —musito a regañadientes.
—Entonces, ¿entra en tu definición de siempre?
—No.
Se inclina un poco más y ya no tengo escapatoria a esos ojos verdes. Tampoco tengo claro que la quiera.
—Pero apuesto a que te encantaría —susurra.
Lo miro sin tener la más remota idea de qué decir y por un momento sólo hacemos eso, mantenernos la mirada. Su expresión cambia, sigue habiendo arrogancia, impertinencia, pero ahora también hay otra cosa y, si no fuera una completa locura, diría que es… deseo.
—Ya estamos de vuelta.
La voz de Easton nos distrae, sacándonos de esta especie de burbuja que se había creado a nuestro alrededor.
—Genial —respondo obligándome a mirarlo y a sonreír.
Jackson exhala todo el aire de sus pulmones a la que vez que pierde su mirada en los inmensos jardines. Allen le toca en el hombre reclamando su atención y padre e hijo toman asiento.
La comida avanza y nos sirven los primeros. Jackson adopta su actitud habitual y ni siquiera se molesta en integrarse en la conversación.
Mi mirada se encuentra un instante con la de Jackson, pero no dejo que me atrape, no delante de Allen y Easton.
—¿Y cómo es que hoy has decidido acompañarnos? —le pregunta Allen a Jackson.
Éste se encoge de hombros restándole importancia.
—Tengo un partido de polo —responde sin más.
—Supongo que tendré que conformarme con eso —replica Easton encantado de que su hijo esté sentado a su mesa—. Por lo menos estás aquí.
Jackson le devuelve una tenue sonrisa y toma un sorbo de vino. No deja de sorprenderme lo poco que se parece a Allen o a Easton. Todos tienen el mismo aire familiar, pero lo cierto es que hablamos de bellezas completamente diferentes. Easton y Allen tienen una belleza serena, la misma que puedes apreciar en un modelo de revista. El atractivo de Jackson, dibujado en su hermética mirada, traspasaría la revista, haría añicos el papel y calentaría tu piel.
Resoplo mentalmente.
«Concéntrate en tu plato de raviolis, Archer. Es mucho más inteligente.»
No tardamos en terminar de comer. Aún estamos esperamos los postres cuando Allen se levanta para atender una llamada de teléfono.
Un camarero se acerca y deja frente a mí una porción de tarta de cereza y galleta realmente deliciosa. Me contengo para no relamerme y miro a Easton con una sonrisa de oreja a oreja.
—Deja a este pobre viejo darte un capricho.
Mi sonrisa se ensancha. Si tiene que ver con cerezas, puede darme caprichos todos los días.
Un par de segundos después, es su móvil el que comienza a sonar. Mira la pantalla y se disculpa a la vez que se levanta. Es trabajo. Debe atender la llamada.
Lo observo alejarse e, incómoda, devuelvo mi mirada a la mesa. He vuelto a quedarme a solas con Jackson.
Estoy preparándome para un segundo asalto cuando ahora es mi teléfono el que empieza a sonar. Rebusco en mi bolso más tiempo del que me gustaría y al fin lo encuentro. Cuando miro la pantalla, sonrío de oreja a oreja. Es Connor. ¡Connor me está llamando!
—Hola, Connor —respondo.
—Hola, Lara.
Mi sonrisa se ensancha. ¡Me está llamando!
Jackson clava sus ojos verdes en los míos. Parece enfadado. Sé que no estoy siendo el colmo de la educación atendiendo una llamada en la mesa y, si hubiese alguien más, me levantaría para no molestarlo.
—Te llamaba para ver cómo estabas y también para saber si, bueno… —parece nervioso— si, quizá, te apetecería que fuésemos a tomar un café.
¡¿Qué?! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
—Sí, me encantaría tomar una café contigo —respondo tratando de que no se note que acaban de darme la noticia de mi vida.
Cierro los ojos y asiento felicísima. Cuando vuelvo a abrirlos, me encuentro otra vez con la mirada de Jackson. Ya no hay ninguna duda de que está enfadado. ¿Tan estricto es con los modales a la mesa?
—Si te parece, podemos vernos mañana. Podría pasar a recogerte a las cinco y media.
—Mañana será perfecto. Vivo en el 88 de la calle Franklin.
—Estupendo —sentencia—. Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Cuelgo y sonrío encantadísima. ¡Tengo una cita con Connor Harlow! Dejo el teléfono suavemente sobre la mesa y me muerdo el labio inferior bajo la atenta mirada de Jackson. No pienso dejar que me arruine este momento. Además, esta es mi venganza por haberse reído de mí con aquel «me gusta que no tengas citas, Lara».
Jackson mira mi iPhone y a continuación me mira a mí. Su mirada se llena de una genuina maldad.
—Mi padre te mima mucho —comenta desde su pedestal.
Si la arrogancia tuviese nombre, se apellidaría Colton.
—¿Celoso? —inquiero a mi vez hundiendo la cucharilla en la tarta y llevándome un trozo pequeño a la boca.
Estoy nerviosa, incluso un poco intimidada, pero no pienso demostrárselo.
—No, por Dios —responde con una sonrisa maliciosa en los labios—. El azúcar como sustituto del sexo se lo dejo a las ratoncitas de biblioteca.
Hi-jo-de-pu-ta.
Empujo el plato con la tarta hacia delante suavemente a la vez que dejo caer la servilleta sobre la mesa. Todo, concentrándome en la misma idea: no puedo asesinarlo. Soy abogada. Matar a alguien es delito, incluso matar a Jackson Colton es delito; todas las leyes tienen lagunas.
—Imagino que tienes algo urgente que hacer —comento y le dedico una sonrisa fingida y tirante—; no sé, un partido de polo, tirarte a alguna rubia que no esté segura de cómo se escribe su nombre… así que no te quedes sólo por ser educado. No me importa esperar sola a Allen y a Easton.
Muy bien, Archer. Ésa ha estado buena.
—No hace falta que lo jures —replica mordaz—. Pareces muy cómoda en la mesa de los Colton.
—Me encanta pasar tiempo con ellos —respondo sin achantarme—. Son muy agradables, así que imagino que a ti debieron de recogerte en un parque de bomberos.
—Anda —continúa con esa misma sonrisa llena de malicia—, como a ti.
Alzo la mirada y la conecto directamente con la suya. ¿Cómo ha podido atreverse a decir algo así?
—Eres un gilipollas —siseo.
Arrastro despacio la silla y me levanto.
—Me marcho —anuncio, sintiendo cada centímetro de mi cuerpo llenarse de rabia.
—De eso nada —responde sin asomo de duda, captando toda mi atención con esas tres únicas palabras.
—No necesito tu permiso.
—No te lo estaba dando.
Esa frase tiene una clara intención que no se me escapa. No se refiere a que soy una mujer adulta e independiente a la que nadie tiene por qué decirle dónde o no ir; más bien es todo lo contrario. Realmente me está diciendo que no me había dado permiso para alejarme de él.
No digo nada pero me esfuerzo en mantenerle la mirada. No soy la chica torpe y asustadiza que él ha dado por hecho que soy y pienso demostrárselo

(…)SINOPSIS

12466346_487258641457335_1647785448749365176_oLara es una chica normal y corriente. Quizás se parezca un poco más de
lo que le gustaría a una ratoncita de biblioteca, sobre todo si se compara con sus amigas Sadie y Dylan.

Por eso, cuando éstas le proponen dejar temblando la MasterCard y pasar un fin de semana a todo trapo en Atlantic City, al principio duda muchísimo, pero finalmente acepta.

Sin embargo, Lara no contaba con que su mirada se cruzaría con la de Conor Harlow en mitad de un exclusivo club. Reconocería esos ojos verdes sin dudarlo, ¡lleva bochornosamente enamorada de él ¡desde los trece años! Connor es guapísimo, elegante, sencillamente perfecto. Su sueño hecho realidad.

La vida de Lara se convertirá en un auténtico viaje de descubrimiento. Entenderá lo que significa la palabra indomable, cuántos sentimientos se pueden describir a través del sexo más salvaje y, sobre todo, lo que significa enamorarse de verdad.

No te pierdas esta historia de héroes, antihéroes y chicas capaces de ponerles las cosas verdaderamente complicadas a ambos.

El regalo de Mariel Ruggieri

Hola hola! Antes que todo… ¡FELIZ NAVIDAD!

Estuve perdida por varios días, dedicándome a mi familia y a descansar, cosa que pocas veces hago durante el año, pero aquí estoy! regreso con todas las ganas del mundo! y que mejor forma de hacerlo que hablándoles del nuevo libro de Mariel Ruggieri, del que hace unos días les compartí un adelanto…¿se acuerdan?

“Nada Prohibido” es la nueva obra de 12377634_566208483534868_8607710206771429511_o
Mariel, quien como agradecimiento a sus seguidoras y por haber cumplido la meta de llegar a 1,000 fans, decidió compartir el primer capítulo de esta historia que, como les dije hace unos días, ha sido creada para llenarnos de calor… mucho calor.

“Es la cuarta novela que escribí pero por distintas razones nunca estaba lista para salir a la luz. Ahora, gracias a Dante Avilés y su toque especial, ha llegado el momento” explica la autora al principio de este regalo navideño que nos hizo a sus fieles lectoras, agregando además que el libro tiene un total de 530 páginas de una historia que asegura será “imposible olvidar”.

Les recuerdo que la novela saldrá publicada el próximo 6 de marzo de 2016, pero por mientras les comparto un fragmento de este primer capítulo y la sinopsis al final de este! Les recuerdo que la novela está contada desde el punto de vista de ambos protagonistas, es decir de Emilia y Máximo, así que no se me vayan a confundir!

Gracias Mariel por compartírnoslo!

(…)

Lunes por la noche:

Estoy… pasmada. No puedo creerlo, aún no caigo. Me siento paralizada en medio de esta vorágine de acontecimientos que presiento van a cambiar mi vida para siempre.

No sé ni por dónde empezar. Es tal la locura en la que me vi inmersa de un día para otro, que no tuve ni tiempo para escribir nada en esta bitácora de vida que me acompaña siempre. Pensándolo bien, no escribo desde mucho antes. No escribo desde el día en que me marché de Carmelo, hace ya dos semanas. ¿Quién iba a decir que mis vacaciones se iban a extender tanto?

Bendita tarde calurosa. Era tanta la humedad en Montevideo, que apenas podía respirar y por un momento me arrepentí de haber accedido a acompañar a Natalia al casting. Afortunadamente ella me recibió con una limonada helada en su monoambiente pésimamente decorado. Mi hermana tiene una extraña obsesión con los autos de lujo, y el departamento es la prueba de ello. Veinte posters de relucientes convertibles, y ni un solo espejo… Y yo necesitaba uno.

Verme linda es lo único que me da seguridad en la vida.

No soy vanidosa, pero sentirme hermosa es lo único que me hace feliz últimamente. No, mentira. Cantar lo es, porque cuando canto me siento la más linda del mundo.

Me anoté para participar, por esa vieja costumbre de no dejar pasar las oportunidades sin intentarlo, pero en el fondo jamás creí que lo iba a conseguir. Cuando pasé a la segunda ronda, casi me boicoteo las posibilidades de quedar. Me sentí como una tonta, con la lengua trabada y la sangre latiéndome en las sienes mientras trataba de responder a la trillada pregunta de: ¿Por qué te presentaste al casting? Por inercia, por eso. Y porque a mi prima Verónica le pareció que era buena idea que lo hiciera, y porque mi insoportable hermana que sí se moría por ser seleccionada, prácticamente me arrastró con ella.

No dije nada de eso, por supuesto. Sin embargo, no mentí. Roja como un tomate sólo mencioné que me gustaba cantar y que me parecía una buena forma de comenzar mi carrera… ¡Y al parecer les gustó! Gran Hermano va a ser la bisagra que me haga pasar de ser una ilustre desconocida, a tapa de revistas y de discos compactos. ¡Así de simple! Tengo el bendito telegrama en las manos, y no puedo dejar de leerlo…

“Señorita María Emilia Fraga: ha sido seleccionada para formar parte de Gran Hermano Argentina. Rogamos se comunique a la brevedad con nosotros, y que seleccione un letrado que la represente en la firma del contrato. Atentamente, La Producción”. Qué felicidad, por Dios. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que la vida me sonríe de veras.

Mi madre tiene una extraña obsesión con mi salud. Siempre me ve demasiado pálido, demasiado delgado, demasiado triste. Bueno, puede que en esto último tenga razón.

No estoy deprimido, más bien me definiría como hastiado. ¿De qué? De todo y de nada. No hay razón para que me sienta así, pues trabajo en lo que me gusta y no me va mal, tengo dos hijos sanos, un techo donde vivir y una compañera…

¿La tengo de veras? Hace mucho que Carla y yo corremos por distintos rieles. No sé cuando comenzamos a alejarnos uno del otro, pero lo cierto es que algunas noches la observo dormir y una sensación de extrañeza me invade.

La misma que siento en las mañanas cuando sin querer me miro en el espejo. La misma que debe sentir Pía cuando intento interesarme en sus cosas, o Juan cuando me hago el ocurrente y sólo obtengo una mueca de disgusto.

Mi casa no es mía solamente; la mitad es del banco.

Y mi trabajo… Moverme entre la mierda, entre las miserias humanas, ya me está hartando. Es que a todos nos pasa más o menos lo mismo. Una madre castradora, un padre ausente… o viceversa. Fantasías prohibidas, amores desencontrados. Un querer y no poder, un anhelar y no hacer nada para conseguirlo. Problemas de dinero, problemas conyugales. Problemas y más problemas. Y el miedo… Siempre presente, siempre acechando.

Hace mucho tiempo yo quería cambiar al mundo y finalmente el mundo terminó cambiándome a mí. La ilusión de haber optado por ser libre y el haber luchado contra el mandato familiar ahora se me antoja una pérdida de tiempo.

Me resistí todo lo que pude, quise vivir a mi propio aire y hacer lo que el corazón me indicara, pero terminé tomando el té con mi madre todos los miércoles a las cinco, sólo porque ella lo quiere así.

Me mira por encima de sus anteojos y como es su costumbre desaprueba mi aspecto, y me lo hace notar en más de una forma. Sacude la cabeza, molesta.

“Sí, mamá. Soy la única oveja negra que tiene el cabello rubio. Valiente contradicción…”

Haber elegido ser un psicólogo bohemio e idealista, nunca fue buen visto en una familia de polistas de raza. Y ser de izquierda entre gente conservadora definitivamente no ayudaba en nada. A mí nunca me gustó la pose, y el pedigree de las personas siempre me resultó indiferente. Desde chico tuve una tendencia a salirme de la fila, y también a salirme de la raya y mis padres se encargaron sistemáticamente de volverme al corral.

Sólo mis férreas convicciones me mantuvieron cuerdo en una familia de locos, pero con el tiempo fui desgastando esa cordura, y poco a poco me transformé en lo que hoy soy. Un híbrido entre lo que debí ser y lo que me gustaría ser.

Mi vida actual es una sombra de la que soñé, y una copia algo venida a menos de la de mis padres que tanto repudié. Indiferencia marital es la tónica de hoy con Carla, igual que la legendaria que siempre se profesaron mis padres.

Una copia pero no idéntica. Para empezar, en casa el dinero no es lo que abunda, sino lo que se me reclama continuamente. Y tampoco abunda el amor, pero no es el odio el pan de cada día. Por último, la infidelidad no engrosa mi lista de pecados, y espero que tampoco la de Carla.

Infidelidad… Soy un hombre formalmente fiel. Y lo digo así, porque ganas no me faltaron pero mis principios guiaron el alcance de mis lealtades, así que jamás me atreví a cruzar esa línea. Estuve al borde, caminé por la cornisa más de una vez, pero jamás me lancé. El suicidio tampoco está en mi lista, y el haber cedido a la tentación hubiese significado un atentado a mi esencia, y la muerte de mi tranquilidad espiritual.

Me molesta sin embargo, no sentirme con la autoridad moral de antaño para juzgar más duramente a mis padres. ¿Los habré perdonado? Tal vez, o tal vez me esté convirtiendo en ellos. Como sea, le cumplo a mi madre cada miércoles y vengo a tomar el té a las cinco en punto. Escucho atentamente sus críticas y finjo que voy a seguir sus consejos.

“Tenés razón, en cualquier momento me corto el pelo, mamá. Sé que no me queda bien…”. Miento en ambas cosas, porque ni me lo voy a cortar, ni me queda tan mal. Hace mucho que lucho por evitar los espejos, y por eso me dejé la barba. Un sentimiento primitivo de autoprotección me impide profundizar en el abismo que adivino tras esa mirada azul que ellos me devuelven.

“También tenés razón. Debí dedicarme a los caballos y al polo… Pero el daño ya está hecho…”. Soy un fracaso. Esto último no se lo digo, pero hace tiempo que yo admito a la frustración en mi vida. Nos hicimos amigos porque voy a tener que vivir con ella el tiempo que me quede por delante.

Frustración laboral, porque nada se dio como yo esperaba. No cambié la vida de nadie, apenas fui el reflejo de los conflictos de mis pacientes. Frustración como padre, pues mis hijos cuando no me subestiman me ignoran. Y frustración conyugal, porque mi matrimonio es sólo una fachada.

Cuando Carla empezó a negarse con más frecuencia de la que accedía, es que yo aprendí a sublimar. Soy el rey de los sublimadores, y lo hago mediante el deporte, igual que cuando tenía trece y las hormonas guiaban mis pasos.

Pero ahora segrego sólo bilis, y cualquier ejercicio no competitivo se lleva mi energía hasta las duchas. Nado, corro, y el gimnasio es una de mis rutinas agradables. Las otras… las otras tienen que ver con llevar un enorme peso, más que con levantar pesas.

En algún momento, muy de vez en vez, siento un inquietante palpitar en mi cuerpo… Pero cuando realmente pierdo el sosiego es cuando ese palpitar no lo siento en mi pene, sino en mi corazón.

(…)

SINOPSIS

Llegando a la mitad de su vida, Máximo Aguirregaray está en crisis pues siente que no ha alcanzado ninguna de sus metas, que no ha cumplido ni uno de sus sueños… Hasta que Emilia Fraga se cruza en su camino.

Desde ese día no tiene paz, y a la vez se siente más vivo que nunca. Se muere de amor por ella, pero es consciente de que existen obstáculos que hacen imposible su relación: el primero es que está casado, y el segundo es que Emilia es su paciente.

Y hay algo más… Mientras la pasión los envuelve, ambos se adentran en los conflictos que hacen de la vida de la joven un verdadero infierno.

La tentación les enciende el cuerpo; la culpa les destruye el alma. Pero cuando caigan todos los tabúes los dominará el deseo, y ya no existirá nada prohibido… entre la tierra y el cielo.

¡SE VIENE INTANGIBLE! Conoce su portada, sinopsis y primer capítulo

Ay chicas! La Llave de su Destino de Susana Mohel continúa creciendo con historias que nos dejan enamoradas de sus perfectos protagonistas, y esta vez hay que prepararnos para conocer más a fondo a Robert, el hermano de Margarite.

Como recordarán, él fue una pieza importante en la vida de Ángela, fue gracias a él que ella pudo salvarse del animal de su marido. Pues bien, ahora llega su turno de enamorarse, enamorarnos, y ser feliz con INTANGIBLE, el cual sale el próximo 16 de noviembre.

Susana compartió hace unos días con sus seguidoras la sinopsis de este cuarto libro de la serie y
ayer dio a conocer lo que será la portada, la cual es una imagen que tiene todo que ver con el interior del libro, además es una imagen única y exclusiva para ésta historia. Estoy segura que al verla, podrán identificar cuál es el vínculo entre la foto y la historia.

12178114_1741386669416406_28140130_nPero eso no es todo! Mohel también compartió con sus seguidoras el primer capítulo de “Intangible”, enel cual puede verse la vida en la que está sumergida Robert. Susana asegura que ésta historia es diferente a las demás y que se está arriesgando, pero asegura que quiere brindarle a sus lectoras una experiencia única en cada libro ¡y vaya que lo está logrando!

Aquí les dejo la sinopsis, portada y enlace de primer capítulo.

SINOPSIS

Dicen que los hombres no deben llorar, sin embargo soy la prueba viviente de que aun sin una
lágrima en los ojos estoy débil y derrotado. Sumido en una noche que no parece tener final. Hasta que, colándose por mi ventana, llega ella. Amelia. Radiante como el sol, iluminando mis días, dándome un motivo. Uno que nos llevará a descubrir qué es real y que es producto de la fantasía, mientras el mayor misterio se revela ante nosotros. El amor. Ese que se puede ver pero no tocar.

Soy Robert T. Finnegan y esta es la historia de la intangible luz que llegó a alumbrar mi vida.

Lee el primer capítulo AQUÍ.

Lorena Fuentes nos comparte un adelanto de “Todo de ti”

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¡¡¡Ay ay ay!!! Lorena nos compartió en sus redes sociales  un adelanto de su próxima novela “Todo de ti”, la cual saldrá publicada en noviembre del presente año y en la que conoceremos a Irene y Miles (papasitooooo).

En este fragmento nos encontraremos con uno de los encuentros de este par y es donde podemos ver, mas o menos, como está la relación entre estos dos personajes que estoy segura les enamorará…. aunque bueno, con toda seguridad les puedo decir que, de por sí, toda la novela les encantará y cautivará mucho por la particularidad de sus personajes.

Disfrútenlo!

(…)

Esa semana sentí que Miles me estaba persiguiendo, me lo encontré varias veces el fin de semana. Hoy nuevamente tengo una cita con Leticia para comer, quedamos en encontrarnos en El Quim de la Boquería, un pequeño bar donde sirven unas deliciosas tapas en un marco único, el mercado de la Boquería. Cuando llego no hay ni un sólo lugar, vine quince minutos antes para tratar de sentarnos, cuando al fin encuentro una mesa me siento y pido una Coca Cola. Estoy revisando el Instagram y veo las fotos de Andrés Velencoso, extrañamente cada vez que veo a Miles me lo recuerda. Cuando me llaman.
—Irene.
Levanto el rostro y frente a mi tengo a Leticia y a su pequeño vástago con su sonrisa arrogante. Mi cara debe haberse transfigurado porque Leti se apura a aclarar la razón del por qué Miles la está acompañando.
—Me he encontrado a Miles cuando salía de casa y me dijo que desde la otra ocasión que se vieron y se comportaron como niños, no se habían vuelvo a encontrar y quería ofrecerte disculpas.
¡Pero qué mentiroso es!
Sonríe y yo sonrió también.
Los dos toman asiento y en mi mente replicaba que está espina me la sacaba yo del fondo porque tenía deseos de matarlo.
—Miles cuéntame ¿Desde cuándo no visitas Sant Pol de Mar? —apostilla.
—Pues casi nada, la semana pasada fui—responde con una sonrisa, sabiendo a que me refiero.
No puedo creer que sea tan cínico. Pedimos unas tapas variadas y Cerveza Estrella de para todos.
—Irene hija cuéntame de Diego ¿Cómo está él? —me pregunta Leticia.
—A mi Diego lo veré hoy un ratito chiquito, mi padre nuevamente no me permite salir con él. Sabes que Diego es la única razón por la que sostengo una relación con mi padre—le contesto y ella asiente dándome la razón.
También le cuento que Diego está hermoso, es inteligente y que la semana pasada me había obligado a llevarlo a visitar la fuente mágica. Cada día le gustan más los cómics, lee muchísimo de lo que qué despierta su interés y además que tenía un nuevo psicólogo con quién se lleva muy bien.
—Te brillan los ojos de una manera especial pequeña saltamontes—me dice Miles y me sonrojo—. Tenía mucho tiempo sin ver ese brillo.
Él sabe cómo hacerme sonrojar, siempre me dijo que amaba mis ojos. Son pocos los recuerdos, pero me decía que ellos demostraban mis sentimientos.
—Miles cariño tenía años que no te escuchaba llamarla así —dice Leticia.
—Es que lo odio, nunca entendí porque me dice así—respondo.
Él suelta una carcajada y toma el botellín de cerveza le da un trago y finalmente me dice:
—Te digo así porque desde niño la voz de mi conciencia es la tuya. Así que digamos que cuando cometía alguna travesura, tú me lo recordabas y la ocultabas. También me decías que no la repitiera—Me sonríe—. Y cuando tú no estabas tú vocecita, Irene, era mi conciencia.
—Siempre supe que ustedes dos serían como hermanos—Nos dice Leticia.
Yo apuro un trago de cerveza y pienso… “Si su madre supiera lo que hicimos aquel verano no dijera eso”.
Él me sonríe como si leyera mis pensamientos y me guiña el ojo. Tratamos de comportarnos, lo que menos quiero es discutir y llegar con mala leche donde mi padre a ver a Diego. La conversación va desde mi trabajo hasta el trabajo de Miles, después de tanto tiempo al fin podemos tener una conversación fluida y madura. Cuando recuerdo a Caleb, su mejor amigo, le pregunto por él:
—Miles y ¿Caleb cómo está?
—Enamorado—Se ríe—. Ya no quiere servir para nada, pero él siempre dijo que se iba a enamorar, ¿Recuerdas a Cate?—me pregunta y yo asiento—. Ellos rompieron y él tiene como ocho años sin tener una novia real. Llegó esta chica de Venezuela, se llama Emma y él se está comportando como un cavernícola reclamándola como suya, es digno de verlo. Por primera vez siento que está enamorado.
— ¿Y tú no piensas enamorarte? Hablas como si Caleb fuese un tonto por estar enamorado.—le digo
Él me observa, termina de masticar para responder, es tan guapo hasta comiendo, es el efecto Chapman.
—Cuando tenía dieciséis años creí haberme enamorado de Rachel, pero ya todos sabemos cómo terminó. Aunque te soy sincero nunca voy a olvidarme de mi primer amor, un amor de verano inolvidable. Siempre recordaré el día que por primera vez bese los labios de aquella chica. El cielo estaba estrellado y había una luna llena.
—Hijo pero que romántico, me encanta. ¿Quién fue ella? —pregunta Leticia curiosa.
—No la conociste madre —le responde Miles secamente y con su mirada fija en mis ojos—. Sólo te puedo asegurar que ella será siempre todo para mí.
—¿No te parece romántico hija?—me pregunta Leticia con una sonrisa.
—Sí—respondo y es la única palabra que logro articular.
Miles me observa y logro descifrarlo, yo me sonrojo y apuro un trago de cerveza. En ese momento empieza a sonar All of the star de Ed Sheraan, sus palabras y esa canción que me recuerda el viaje a Ámsterdam que hicimos con nuestros padres, los días que pase en Estados Unidos con ellos, y esa noche que nunca olvidare, lo recuerda tanto como yo. Cabe la posibilidad que él guarde esa noche en su corazón como yo. 

Back to the time,
You were lying next to me
I looked across and fell in love
So I took your hand
Back through lamp-lit streets and knew
Everything led back to you

(Vuelvo al momento en el
Que estabas acostada a mi lado
Miré al otro lado y me enamoré
Así que tomé tu mano
Volviendo por las calles iluminadas y supe
Todo me conduce de nuevo a ti)

Al fin cambiamos de tema, el almuerzo fluyó, pero sabía que sus palabras iban a rondar en mi cabeza por mucho tiempo. Cuando veo el cielo con la luna llena y el cielo estrellado pienso en esa noche, a veces me identifico con la letra de Bruno Mars en su canción Talking to the moon, porque en esos momentos me encantaría estar a su lado. Desde el momento que Miles llego a mi vida entro para nunca salir.

(…)

Lorena Fuentes
©Todo de Ti
Serie Nos Pertenecemos-2
Noviembre 2015
© ALL RIGHT RESERVED

Lily Perozo comparte otro adelanto de “La Bestia”

11950217_10153206836314200_6484889639895311279_oCada vez estamos más cerca de conocer esta historia que desde hace tiempo nos ha tenido ansiosas, y más cuando Lily se apiada de nosotras y nos comparte adelantos como el que compartió este lunes en las redes sociales para comenzar bien la semana.

La autora explicó en su posteo que en esta novela no solo conoceremos a Benjamín Sutherland y Candice Adams, sino también a otros personajes que harán la historia más entretenida y tendrán un gran valor dentro del trama, como Robert Adams, hermano mayor de Candice, y para ello,  dejo este adelanto.

(…)
se despidió y salió de la casa, cargando con su bolso donde llevaba el uniforme del trabajo. Empezó a caminar hasta la parada del autobús, sin poder evitar bostezar, tenía demasiado sueño, porque había llegado a cocinar y a lavar, labor que terminó por la madrugada. No obstante, no podía permitirse dormir hasta tarde porque debía cumplir con su trabajo.
—¡Buenos días!
—¡En serio! —casi gritó sorprendida al ver una vez más el Mustang que le seguía el paso, iba tan sumida en sus pensamientos y cansancio que no se había percatado del auto a su lado, definitivamente debía estar más atenta—. No tienes derecho a seguirme, voy a llamar a la policía —advirtió buscando en su bolso el teléfono móvil.
—Solo quiero llevarte, podemos ir juntos porque también trabajo muy cerca.
—No voy a subirme a tu auto, no te quiero cerca.
—Está bien, si no quieres subir voy a escoltarte.
Nadya quiso sonreír ante esa estúpida propuesta, pero prefirió seguir con su mirada al frente.
—Solo pierdes el tiempo —aseguró aligerando el paso—. Voy a denunciarte, no eres más que un acosador… me has seguido a casa.
—Quiero hablar contigo, Nadya por favor.
—No quieres hablar, quieres reclamarme por las estúpidas decisiones de tu amigo.
—Ya no lo haré, no voy a preguntarte por nada.
Nadya comprendió que si le seguía la conversación nunca podría liberarse de Robert, ni mucho menos de ese pasado que día a día luchaba por olvidar.
Dejó de hablarle, llegó hasta la parada de autobuses y se sentó a esperar a que llegara su transporte, Robert estacionó al otro lado de la calle, sin dejar de mirarla. Sin embargo, Nadya se obligaba a desviar la vista a cualquier lado, menos al auto gris en frente.
Cuando por fin el autobús naranja llegó, subió y se ubicó en un asiento, al tiempo que sus pupilas inquietas volvieron a mirar el auto que al poco tiempo perdió de vista.
Sin darse cuenta una vez más estaba llorando, prefería hacerlo lejos de casa, que sus padres no la vieran, se sentía cansada y el corazón aún lo tenía en pedazos, sabía que no iba a ser fácil y se había prometido luchar, pero eso no quería decir que algunas veces no sintiera que estaba a punto de perder la batalla.
Era el centro de atención de más de una mirada curiosa a la que le extrañaba ver como se limpiaba las lágrimas, y por más que intentara dejar de llorar no lograba conseguirlo, porque esa era la única manera de desahogarse un poco.
Durante el trayecto logró conseguir la calma y revestirse de fortaleza, estaba próxima su parada por lo que se levantó, cediéndole el puesto a otra chica, caminó hasta las puertas que se abrían y justo cuando el autobús se detuvo, bajó.
Esta vez sí presintió el auto, pensaba que se había dado por vencido, no hizo más que resoplar y continuar con su trayecto, ignorando totalmente a su necio escolta.
Lo quería lejos, muy lejos, odiaba todo lo que le recordara a Nick, odiaba tener que estar pasando por eso después de tanto tiempo. Debía llamar a la policía y denunciar el acoso de Robert, pero por el momento le daría tiempo a que se cansara y desistiera de molestarla.
Sin dedicarle una sola mirada entró al restaurante donde trabajaba, dispuesta a cumplir con sus labores.
Robert la vio entrar y siguió hasta su trabajo, no iba a desistir hasta que Nadya accediera a hablar con él.

(…)

No se pierdan el nuevo adelanto de “La Bestia” de Lily Perozo

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“La Bestia”
es una de las novelas que más hemos estado esperando, y es que Lily Perozo tiene ese talento de crear historias diferentes que nos hacen comernos las uñas hasta quedar con los dedos rojitos.

La autora de “Dulces Mentiras, Amargas Verdades”  y “Para Elisa” nos ha mantenido a sus lectoras llenas de ansiedad con este nuevo libro, y más aún cuando comparte este tipo de adelantos como el que  compartió hoy en el grupo de Hermanas Perozo.

¿Quieren leerlo? pues acá se los dejo!

(…)

—¿Quién crees que fue culpable de la muerte de Abel? —preguntó una vez que ella terminó de leer. 
—Caín fue tentado por el pecado y no tuvo la voluntad suficiente para resistirse —dijo con convicción.
—No es así… realmente la culpa la tuvo el Señor… fue su decisión de honrar de mejor manera la ofrenda de Abel cuando ambos se habían esforzado por igual, el Señor pudo darle el mismo valor a ambas ofrendas, pero a cambio solo creó las diferencias, provocando que el corazón de Caín se llenara de envidia hacia su propio hermano —A Benjamin le gustaba ver como esos grandes ojos verdes se llenaban de duda—. No conforme con eso, después de que Caín mató a Abel, solo lo castigó expulsándolo, cuando debió eliminarlo o resguardarlo para que comprendiera que había pecado, pero dejó salir al pecador y también se aseguró de que nadie más le hiciera daño, lo hizo porque quería que toda la mierda se siguiera extendiendo.
—Pensé que ya no ibas a refutar las sagradas escrituras —reprendió haciendo un mohín que a él le pareció muy gracioso.
—No las estoy refutando simplemente estoy dando otra opinión —se alzó de hombros y por primera vez la veía sonreír más allá de un simple gesto amable.
—Está bien, acepto tu opinión pero no la comparto.
—¡Qué bien! Así puedo sentirme en la libertad de decir que tampoco comparto la mayoría de tus opiniones.
—Prefiero que seas sincero y no que guardes cosas negativas en tu corazón —dijo y por un momento sintió que no podía desviar su mirada de esos enigmáticos ojos azules, era como si la estuviese atando a sus pupilas—. De… debo irme —tartamudeó y se levantó rápidamente, sin poder evitar sentirse muy nerviosa y con el corazón golpeteándole contra el pecho.
—¿Vendrás mañana? —preguntó siguiéndola con la mirada.
—No lo sé.
—Por favor, eres la única persona que me hace compañía.
—Intentaré venir, pero no puedo prometerlo —Candice se dio media vuelta al tiempo que se colgaba del hombro su bolso y no se atrevía a mirarlo una vez más a los ojos por temor a quedarse anclada en esas pupilas.
—No quiero promesas, tienen más valor tus intenciones.
—Está bien, mi intención es venir, pero puede que haya algún inconveniente.
—Rezaré para que no lo haya —comentó con una sonrisa casi angelical, disfrazando esa gran mentira.

(…)

Esperemos que pronto tengamos otro adelanto para así calmar nuestras ansias por tener este libro.

Cristina Prada comparte adelanto de ” Manhattan Crazy Love”

11817205_439732239543309_6875432277164961053_nCristina Prada, autora de la reconocida trilogía “Todas las  canciones de amor que suenan en la radio” se nos viene con una nueva historia, “Manhattan Crazy”, primera entrega de la saga Manhattan Love.

La escritora compartió con sus seguidoras y seguidores la portada de esta primera entrega, la cual empieza y termina en el mismo. “Cada libro es autoconclusivo, siendo los protagonistas de cada libro secundarios en los otros. Seran Manhattan Crazy Love, Manhattan Exciting Love y Manhattan Sexy Love” explicó la autora.

Agregó también que el libro saldrá publicado en octubre bajo el sello de “Zafiro” de Editorial Planeta, y como regalo compartió un adelanto en el que vamos a ir conociendo a Donovan y Katie.

¿Quieren leerlo? Pues ¡acá se los dejo!

ADELANTO

(…)

11807693_439366962913170_6968773253870491626_o-1“Cuando entro en su despa

cho, él ya está sentado a una exclusiva y sofisticada
mesa de diseño de acero blanco y cistal templado. Toda la habitación trasmite ese aire de pura sofisticación y acento cosmopolita. Hay un enorme sofá blanco y encima de él un fantástico cuadro lleno de color y fuerza. No sé de qué artista es pero parece de la escuela callejera del Nueva York de los ochenta. Junto a la mesa hay una estantería repleta de libros, revistas catalogadas y coches de colección. Hay al menos tres y no parecen de esos que vienen en fascículos de kiosco, más bien son de los que hizo un artesano en centro Europa y cincuenta años después se venden en una subasta en la televisión por cincuenta mil dólares.

A su espalada se levanta un inmenso ventanal con unas vistas increíbles. Central Park, mi lugar favorito de toda la ciudad, se rinde a sus pies y a su lado los rascacielos más asombrosos.

– Si ya ha dejado de admirar las vistas de mi ventana como si acabara de llegar del sur profundo y fuese la primera vez que ve un rascacielos, me gustaría empezar con la entrevista. No quiero perder más tiempo del necesario.

Su comentario me hace clavar de nuevo la vista en él. Observa unos papeles sin darle la mayor importancia a las palabras que acaba de decirme.
Es un auténtico capullo.

Lo miro y abro la boca dispuesta a llamarlo de todo, pero entonces él alza la vista y me observa fijamente. Tiene unos ojos impresionantes. Son de un verde diferente, casi azul. Creo que son los ojos más bonitos que he visto nunca.
Hace un gesto exigente con las manos apremiándome a decir lo que quisiese que fuese a decir, pero yo estoy conmocionada. No entiendo qué demonios me está pasando. Solo quiero mandarlo al infierno y seguir con mi vida, pero mi cuerpo se niega a cooperar.

– Desde luego no eres muy espabilada, pecosa.
¿Qué?
– ¿Acaba de llamarme pecosa? – pregunto con un tono de voz tan atónito como visiblemente molesto.
– Tienes pecas así que te llamo pecosa – responde como si fuera obvio -. A cada uno se nos conoce por nuestro rasgo más distintivo. A mí puedes llamarme señor increíblemente atractivo – sentencia de nuevo con esa maldita sonrisa.
Rio escandalizada y furiosa, muy furiosa.
– Si te sientas y acabamos la entrevista, te dejo que te quedes en el sofá y me mires embobada desde allí mientras trabajo.
– Es…
Llaman a la puerta y otra vez vuelven a interrumpirme. Ahora mismo solo quiero llamarlo de todo. Bastardo engreído y presuntuoso.
Da paso y su sonrisa se ensancha como si supiese exactamente lo que me pasa.
Lola abre la puerta, camina decidida y le entrega un papel.
– El curriculum de la señorita Conrand. Lo había traspapelado.
El señor Brent coge el papel sin dar las gracias y comienza a revisarlo. Yo miro a Lola inquieta en demasiados sentidos. Estoy nerviosa y quiero marcharme de aquí. Además, apostaría los veintiséis dólares que tengo en la cartera, y en mi vida en general, a que ese curriculum acaba de escribirlo ahora mismo. Ella me mira y respira hondo invitándome a hacer lo mismo. Al ver que no se marcha, el señor Brent alza la vista del documento y clava su mirada en ella hasta que Lola se da por aludida, se disculpa y se va.
Cuando escucho la puerta cerrarse a mi espalda, estoy preparada para llamarle gilipollas y largarme.

– Bueno, señorita Katie Conrand – comenta ojeando “mi” hoja de vida -. Nadie le ha dicho que los curriculum sin foto no van a ninguna parte. Además, no es demasiado fea. Hay quien la contraria solo por eso.
Eso ya ha sido la gota que ha colmado el vaso. Estoy demasiado cabreada. Apoyo las palmas de las manos en la mesa y me levanto como un resorte. Él alza la mirada.
– ¿Dónde cree que va? – pregunta arisco.
– ¿Sabe? Prefiero cortarme todos los dedos de las manos antes de trabajar para usted.
Me giro concienciándome de que no puedo asesinarlo en su despacho y camino hasta la puerta. Pero entonces le oigo sonreír a mi espalda y definitivamente no entiendo nada. Sin saber ni siquiera por qué y a pesar de no haberla visto, me doy cuenta de que es una sonrisa completamente diferente a las que le he visto hasta ahora. Suena sincera, como si realmente le divirtiese.
– Cobrarás unos setecientos a la semana.
Esas seis palabras me dejan clavada en el elegante parqué. Es casi el doble de lo que cobro ahora y solucionaría todos mis problemas de un plumazo. Ah, pero no quiero trabajar para él. Es odioso y está como un tren, una combinación horrible.”

*Diseño de Arfan: Tiaré Pearl

Conoce a “Pandora” en el adelanto de “Eres Mío”

Poco a poco Lina Perozo, autora de la bilogía “Rendición”, va presentando a los personajes de su próxima novela “Eres mío”.

En esta ocasión presentó a la que será la imagen de Pandora, y junto a la imagen  compartió un adelanto de esta historia de la que todavía se desconoce la fecha de lanzamiento, pero sabemos que será muy pronto.

Ahora, conoce a la misteriosa Pandora.

(…)

arte elisaBuenas noches, tal como les mencioné, hoy le presentaría el rostro de Pandora, ella será el eje donde giraran todas las demás historias dentro de “Eres mío”. Su presentación va a acompañada de un pequeño adelanto, con más revelaciones. Gracias por el cariño y el apoyo que le brindan a mi trabajo, besos y abrazos.

“El cielo de Nueva York se mostraba gris y cargado, amenazando con dejar caer un diluvio igual al de la noche anterior, aún las calles se encontraban cubiertas por humedad, los árboles y los edificios también lucían oscuros producto de ésta, mientras breves y fuertes ráfagas de viento creaban remolinos con las hojas caídas de los árboles del Central Park.

Esta será una noche más, igual a las anteriores.
Pensó Nathaniel mientras estacionaba su auto junto al edificio de la galería. Bajó y se encaminó con paso lento hacia el interior, mientras recorría el pasillo con la cabeza baja.

Se volvió para mirar sobre su hombro pues una figura tras él captó su atención, se volvió rápidamente para encararla pero toda la adrenalina que corría por sus venas se esfumó al ver que era la nueva empleada, la chica lucía diferente, se notaba triste y disipada.

—Buenas tardes —la saludó intentando ser amable.
Algo dentro de él lo llevaba a mostrarse así, aunque no le había gustado la manera en la cual ella actuó la última vez que se vieron, no podía ser un tipo rencoroso al menos no con quien no le había hecho daño y Pandora Corneille estaba libre de pecados.

—Buenas tardes señor —contestó ella con la voz ronca y de inmediato se dio la vuelta para alejarse con pasos rápidos.
Había sentido cómo la presencia de él cambiaba todo, su energía era tan poderosa que podía hacer lo que desde hacía mucho no le ocurría, la ponía a temblar. No quería verlo, no todavía.

—¡Espere Pandora! —exclamó Nathaniel y casi tuvo que correr para alcanzarla— ¿Le sucede algo? —inquirió con la respiración agitada, parándose ante ella y obstaculizándole el paso.

Pandora negó con la cabeza apretando los labios, pero sus ojos se notaban cargados de un brillo extraño.

Él se pasó una mano por el cabello, mientras buscaba las palabras adecuadas para continuar, nunca había sido bueno consolando.

—¿Alguno de los artistas fue grosero con usted? —intentó una vez más mientras la miraba.
—No señor Gallagher… todo está bien, es solo que tengo mucho trabajo, por favor continúe con su camino, seguramente tiene cosas que hacer para haber llegado antes de la velada de esta noche —respondió esquivándole la mirada.
—Sí, pero no es nada que no pueda esperar… ¿Por qué no me habla un poco de usted? ¿De dónde es Pandora? Su acento es… es extraño, me resulta conocido pero no termino de identificarlo —mencionó obviando la sugerencia de ella.
—De Inglaterra… del sur, pero hace mucho que dejé ese lugar, me trasladé a Francia cuando era muy joven… ahora si me permite tengo cosas que hacer —contestó y se disponía a marcharse cuando una vez más él la detuvo.

—Yo crecí en Inglaterra… estuve hasta que cumplí la mayoría de edad, nunca viajé al sur, quizás por eso su acento no me resulta familiar, disculpe que lo mencione pero habla usted como si viniese de otro siglo —acotó en tono divertido para mejorar el humor de ella, no le gustaba verla así.

Pandora se volvió a mirarlo y sus ojos habían cambiado, su mirada era más cálida, con una luz que los hacía lucir hermosos, completamente distintos y en sus labios se dibujaba algo parecido a una sonrisa.
—Quizás sea porque leo muchas obras clásicas señor. Me gusta Shakespeare —susurró con ese tono de voz dulce que no había usado en años y de nuevo sentía su corazón latir de prisa.

—Romeo es seguramente su favorito —mencionó él con media sonrisa, sin poder apartar la mirada de los ojos grises.

—No… mi favorito es Hamlet, porque logra hacer justicia a su ser querido, hace que los culpables paguen por sus crímenes —esbozó desviando la mirada una vez más.

No pudo atajar sus palabras y ocultar la verdad, dejó ver un poco de esa amargura que la seguía invadiendo, por eso le rehuyó la mirada, no quería que él viera el odio en su interior.

—Creo que es la primera mujer a la que le escucho decir que prefiere a Hamlet en lugar de Romeo —dijo con una sonrisa mucho más amplia y ladeaba la cabeza para buscar los ojos de ella.
—Soy una mujer muy distinta a las demás señor Gallagher… Tengo que regresar al trabajo, el señor Hathaway necesita uno de los retratos para dentro de poco —pronunció para despedirse.

La amargura de recordar en lo que se había convertido por vengar a su familia hizo que todo rastro de calidez desapareciera de su voz, las palabras salían de sus labios en un acto mecánico, incluso su cuerpo se había puesto rígido.

—Por supuesto, no era mi intensión distraerla, solo quería charlar un poco con usted… desde que llegó apenas hemos cruzado palabra y no quiero que la fama de antipático que muchos me han dado la intimide —señaló sintiendo una extraña urgencia por hacer que ella le creyera.

—No tiene que preocuparse por ello, no suelo dejarme llevar por los comentarios, espero que tenga éxito con su exposición de esta noche —mencionó sin poder evitar perderse en los ojos topacio de él.

—¿No asistirá al evento? —inquirió pensando que quizás Robert la había invitado a la gala.

—Me gustaría, pero tengo cosas que hacer —contestó sin mirarlo.
Por supuesto que estaría, pero no como la insulsa restauradora de pinturas sino con su verdadera personalidad. Sin embargo, él no podía enterarse, lo haría siendo discreta para no levantar sospechas.

—Comprendo, bueno… quizás más adelante. Fue agradable charlar con usted —dijo mirándola con sinceridad—. Que tenga buena noche Pandora, hasta mañana —se despidió con un ademán, sin poder apartar la mirada de ella.

—Igual para usted señor Gallagher, también me agradó charlar —indicó y se volvió para encaminarse por el pasillo.
Detuvo sus pasos recordando que le había dicho que seguiría trabajando, así que regresó hasta su estudio con rapidez para evitar caer de nuevo bajo la influencia que él provocaba en torno a ella.

Nathaniel la miraba mientras sonreía divertido al verla tan distraída, era evidente que él la perturbaba. Estaba acostumbrado a ver a las mujeres actuar de esa manera en su presencia, solo que a diferencia de la mayoría ella parecía desear mantenerse lejos de él.

Una mujer muy distinta a las demás.
Las palabras de Pandora Corneille se repitieron en sus pensamientos, dándole mayor firmeza a la actitud que mostraba.

—¡Vaya que lo es! Nunca había visto a una mujer como ella… es bastante extraña, casi no habla, sus ojos son tan raros, es hermosa… sí, es muy hermosa, pero parece estar empeñada en ocultarlo… ¿Del sur de Inglaterra? Seguramente será algún pueblo de esos aislados del mundo moderno que aún conservan esas viejas costumbres que ella posee —se dijo después que la vio entrar al estudio que ocupaba, mientras él caminaba hacia el suyo.”

(…)