Los destellos de Sara

En Puerto Nevado, un pequeño pueblo de Asturias, vive Sara Areces, una joven de envidiable inteligencia y belleza, pero con un gran vacío en su interior por haber sido siempre la sombra de su hermana Alba. Sara es físicamente fuerte, Alba es débil, con un corazón delicado que le ha impedido llevar una vida normal y con el que ha acaparado todo el cariño de su padre y de su esposa Clemencia.
La monótona vida de las hermanas Areces cambiará cuando Samuel Falcón, un ingeniero civil, llegue a Puerto Nevado con la misión de construir una nueva carretera que les ayude a mejorar sus condiciones de vida durante el invierno.
La vida continuará de forma armoniosa hasta que un hecho inesperado hará que el mundo de Sara se venga abajo por completo.
En momentos de sombras, ¿conseguirá la luz de la verdad abrirse paso e iluminarlo todo de nuevo?

SARA
«Recordé una vez más a Samuel, no me había escrito nada desde hacía unos días, esperaba que pronto lo hiciera y que me felicitara por navidad.
Me acerqué un poco más al bello estanque, me reflejé en él. Era hermosa, mucho, lo sabía y lo veía todo el mundo. Mi vida brillaba con una luz especial, un resplandor que me hacía destacar en todo lo que me proponía, que era cada día más brillante y gracias a mi recién estrenada juventud. Tenía encanto, carisma, o como algunos decían: “ángel”, qué sé yo, ¿y si todos veían ese fulgor, por qué no habría de verlo él?, me decía. ¿Acaso eras ciego, Samuel? No, no podía ser verdad, ¿eras el único al que mi hechizo no encandilaba? »

SAMUEL
«Caminé por una estrecha calle empedrada, y a medida que avanzaba, me dio la sensación de que también ascendía. Eran todas casas de color cremoso, con techos rojizos y a dos aguas. Localicé entonces la de Areces, sí, era aquélla, la más grande de todas, una construcción de dos plantas con un enorme porche y un estanque de piedra; la parte trasera lindaba con un frondoso hayal sobre una colina.
Me acerqué y me encontré entonces con una escena extraña y de lo más rara que se puede uno imaginar.
Había una joven afanada en pegar patadas al aire, era esbelta, de cabello largo y melado, contextura fuerte, y además, tremendamente hermosa, a decir verdad, creo que era la chica más guapa que había visto jamás. Estaba tan concentrada en su tarea que apenas se percató de que había llegado, sin hacer ruido me acerqué a ella, y no sé por qué, me entraron unas ganas enormes de hablarle. »

ALBA
«Mi hermana Sara es hermosa, lista y despierta, pareciera que todo el cielo se confabuló el día de su nacimiento para dotarla de los mejores dones, es como un lucero en la tierra, la más brillante de las estrellas, siempre que estoy con ella rezo para que me transmita algo de su fortaleza, quizás la vida me haga un guiño si estoy cerca.
Es la hora de mi medicación, tomo una de mis pequeñas pastillas, es redonda e insulsa, amarga al paladar, las guardo en una cajita con compartimientos para separarlas, es que tomo varias, un cóctel diario de estas minúsculas joyas que me ayudan a vivir. ¿Cómo puede ser que algo tan insignificante contenga tanta esperanza para mí?, ¿cómo puede ser que Sara consiga resplandecer tanto sin necesitar ni una sola de ellas? »

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