¿Ya leíste el 1er capítulo de “Castillo en el Aire” de Susana Mohel?

13059838_1805649609656778_1380362630_nSusana Mohel compartió con sus seguidoras el primer capítulo de su próxima novela “Castillos en el Aire”, que viene a ser la secuela de “Cómo agua entre los dedos”, sólo que en este caso conoceremos más de cerca la historia de Ariel, la amiga d Roselyn,  esa joven que siempre se mostró tan misteriosa en el primer libro, y de quien estoy segura, todas quedamos con ganas de saber más. ¿A que sí?

Pues aquí les dejo solo un poquito de este muy interesante primer capítulo de este nuevo libro, que saldrá el próximo 5 de mayo… estoy segura que al leer esto, se quedarán con ganas de saber más!

¡Disfrútenlo!

(…)

Soy Ariel Wilkinson y, aunque todavía no estoy lista para contarte toda mi historia, puedo asegurarte que el camino que he andado hasta ahora ha estado sembrado de espinas, pensé que las rosas no crecerían jamás en mi jardín.
Hasta ahora.
He vivido en la calle, literalmente durmiendo bajo un puente, uno que no queda a más de media milla del lugar en que vivo ahora. Sé lo que es aguantar hambre, soportar frio y calor, sin tener un lugar en el que refugiarte. Sin embargo, jamás me di por vencida. Jamás dejé de creer. Jamás dejé de luchar.
Le paso a la chica de la recepción unos cuantos billetes de cien, los suficientes para cubrir la cuenta y salgo del local sintiendo que el día es más bonito que cuando entré hace unas horas. El sol es más brillante, el viento sopla más fresco, la gente en la calle sonríe a mi paso.
Incluso creo que hay menos tráfico.
Imagínate, poco tráfico en pleno centro de San Diego.
Así de bonito está el día de hoy.
A pesar de que muchos pudieran pensar que había tocado fondo, hice mi mejor esfuerzo por mantener la dignidad. Me negué a prostituirme, a vender drogas y a robar. Incluso me negaba a limosnear, ¿por qué habría de hacerlo si mis manos seguían en perfecto estado de funcionamiento? No, en mi cabeza eso jamás tuvo sentido.
Barrí muchas aceras, frente a locales comerciales y algunas casas. Lavé vidrios, sin importarme qué tan grande fueran los ventanales. Saqué basura, limpié jardines, y eso, damas y caballeros, fue lo que me trajo hasta el lugar en el que vivo hoy en día. El señor Hatz, el dueño del condominio me ofreció un trabajo en serio después de haberme ofrecido a barrer la acera y el jardín central en más de una ocasión, pidiendo a cambio solo una comida caliente. El hombre decidió tomar el riesgo, creer en la chica medio mugrosa, de pelos de colores que no dejaba de rondar su propiedad. ¿Que si acepté? ¡Ja! Estoy loca, pero no tonta, el pobre hombre no había terminado de resumirme mis obligaciones y beneficios, cuando yo ya estaba saltando sobre él, prometiéndole que nunca se iba a arrepentir de haber creído en mí. Y hasta el día de hoy, sigo honrando esa promesa.
No lo hago por necesidad, ahora tengo el suficiente dinero para pagarme un apartamento decente, lo hago por lealtad. El señor Hatz es mucho más que un jefe, en los tres años que tengo viviendo aquí en Elemental Lane, se ha convertido en un padre para mí. Un padre terco y cabezota, que no quiere recibir un centavo por dejarme seguir viviendo en mi pequeño apartamento.
Y fue precisamente, en ese apartamento donde la magia ocurrió.
Yo estaba buscando financiamiento para mi proyecto, un préstamo en un banco que queda aquí bastante cerca. No tenía idea de esas cosas, sigo sin enterarme, el cuento es que, armándome de valor, decidí que debía dar el siguiente paso, así que llené los papeles y me presenté en la oficina a esperar a que me atendieran. La verdad es que necesitaba ese dinero con más urgencia de la que quería admitir, no había más salida.
Y ahí todo se jodió.
Ahí tuve la suerte de encontrármelo.
A él, al trajeado.
Él, tan estiradito, con esa ropa tan bien planchada y almidonada, todo perfumadito y repeinado. Él con sus hombros anchos y sonrisa de anuncio de dentífrico,
Maldito metrosexual, siempre insinuando estupideces, riéndose de mí, burlándose de mi proyecto.
Incluso llegó a reírse de mi nombre.
Pendejo.
¿Quién en el siglo XXI se llama Lancelot?
¿Qué se cree, de la realeza?
Si ese estirado también sangra, igual que el resto de los mortales. Aunque lo hayan mandado a un internado de esos en donde te meten una varilla de acero por el culo, para que jamás pierdas la compostura ni encorves la espalda.
Ese hombre me irrita.
Ese hombre saca lo peor que hay en mí.
¡Es arrogante!
Desesperante.
Es… un orgasmo andante.
Espera… yo no dije eso.
Bueno, al menos no de forma consciente.
Estoy bien jodida.
Demente.
Lo bueno es que ya no tengo que volver a verlo. Nunca. Jamás en toda mi vida.

(…)

Disfruta el capítulo completo AQUÍ.

Anuncios

2 comentarios en “¿Ya leíste el 1er capítulo de “Castillo en el Aire” de Susana Mohel?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s