Reali-ty

51NKgQt5KlL._SX323_BO1,204,203,200_Creo que la confusión la llevo por naturaleza.

Una vez a los dieciséis, a escondidas en la madrugada, cuando ya papá dormía, llamé a una línea síquica.

Ese mismo año sufrí de una obsesión compulsiva de jugar Ouija. Después que escuché en el colegio a unos niños decir que a través de ese juego los muertos respondían tus preguntas, quise probar, tal vez lograba comunicarme con mi madre y me contaba si valía la pena romperse tanto la cabeza con planificar el futuro.

“Le ayudamos a tomar las mejores decisiones para su vida”, decía el anuncio en el periódico. ¿Cómo dejar pasar la oportunidad? Esa misma tarde que vi el anuncio fui a visitar al síquico.

Hoy, bastantes años después, sigo buscando mi propósito, mi inspiración.

Tengo ganas de encontrarme con un síquico en la calle, con alguien que me diga qué será de mí. Pero solo encuentro un mendigo sentado en mi banco favorito del parque a quien me confieso, y mientras lo hago, voy comparando su realidad con la mía

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