¿YA LEISTE EL ADELANTO DE MANHATTAN EXCITING LOVE?

12507122_487226378127228_6808127210253085050_n-1Cristina Prada compartió con sus seguidoras, un adelanto de siguiente novela, “Manhattan Exciting Love”.

De mi parte, sólo les puedo decir que espero, de todo corazón, que la protagonista de esta novela no sea tan sumisa como Katie y no me despierten esas ganas de tomarla  de los hombros y hacerla reaccionar.

Aquí les dejo el adelanto! en el que conocemos un poco de Coonor, Jackson y Lara y la sinopsis al final de este.

Disfrútenlo!

(…)
—Buenas tardes, ¿mesa para uno? —me pregunta.
—En realidad, para tres.
—¿Tenía alguna reserva?
Tuerzo el gesto. Lo cierto es que no lo sé, aunque imagino que sí.
—Colton —pronuncia una voz impaciente a mi espalda—, y seremos cuatro.
El maître asiente y yo me giro sorprendida. ¿Qué hace él aquí? ¿Qué hace Jackson aquí? Nunca, jamás, ha venido a una comida al club de campo.
—Parece que alguien le ha comido la lengua a la ratoncita —comenta burlón.
—Deja de llamarme ratoncita —protesto.
Jackson sonríe absolutamente impertinente, dejándome claro que no le importa lo más mínimo lo que quiera o no; y yo, literalmente, comienzo a hervir de rabia.
Genial. Sólo ha necesitado una frase y dos minutos para enfadarme como nunca lo he estado.
—Por favor, si son tan amables de seguirme —dice el maître saliendo de detrás de su atril—. Su mesa está lista.
Jackson da un paso hacia mí y se inclina lo suficiente como para que sus labios casi rocen el lóbulo de mi oreja.
—Al final no vas a tener más remedio que comer conmigo —susurra.
Sin darme oportunidad a responder, se separa y da un paso atrás esperando educadamente a que yo pase primero, con sus ojos verdes desafiándome en silencio. ¡Qué capullo! Entorno la mirada y lo asesino con ella. Sin embargo, mis intenciones caen en saco roto cuando me fijo en su indumentaria. Lleva el uniforme de polo: botas de montar marrones, pantalones blancos ajustados y una chaqueta deportiva azul marino que sin duda esconde un elegante polo del mismo color. De repente me sorprendo a mí misma con mi propia lista de fantasías de Jackson. El pantalón de polo está justo por encima de Jackson con traje a medida negro y por debajo de Jackson con esmoquin de Valentino. Ese esmoquin es difícil de olvidar.
El maître y el propio Jackson me miran esperando a que empiece a caminar. Yo resoplo y, malhumorada, echo a andar. No quiero comer con él, quiero estrangularlo.
El empleado aparta mi silla. Se lo agradezco con una sonrisa y tomo asiento. Jackson lo hace frente a mí. Nos entrega la carta y la abro inmediatamente, escondiéndome tras ella. ¡Estoy muy enfadada!
—¿Puedo traerles algo de beber?
—Vino —responde Jackson—, un Charmes-Chambertin del 88.
El maître asiente y, cuando da un paso para retirarse, yo carraspeo suavemente llamando de nuevo su atención. Jackson alza la mirada de la carta y me observa sin ninguna amabilidad en su mirada.
—Para mí, agua, por favor —pido.
—¿Evian, San Pellegrino, quizá con gas?
—San Pellegrino sin gas estará bien.
Asiente de nuevo y se retira definitivamente.
Jackson todavía me observa.
—Prefiero comer con agua —respondo sin amilanarme— y prefiero pedir mi propia bebida. Si hubieses preguntado, lo hubieras sabido.
Jackson se humedece el labio inferior discreto y fugaz sin levantar sus ojos verdes de mí. Otra vez me está estudiando. ¿Qué es lo qué quiere saber? ¿Por qué está aquí? Después de la fiesta, ¿no debería estar despertándose rodeado de piernas y lencería de encaje de La Perla? Tuerzo el gesto y aparto mi mirada concentrándola en la carta. Me da igual lo que haga y con cuántos pares de piernas lo haga.
Llega el camarero. Sirve el agua y, ceremonioso, abre la botella de vino. Se lo da a probar a Jackson y, ante su gesto afirmativo, sirve las copas. En cuanto la botella se separa de la mía, la cojo con dedos temblorosos y me la llevo a los labios. Lo necesito.
—¿Desean que les traiga algún entrante mientras esperan a los otros comensales?
—Tomaremos carpaccio de ternera —vuelve a responder Jackson por los dos— y endivias salteadas con miel y nueces.
—Muy bien, señor. ¿La señorita desea algo más?
Reviso la carta rápidamente. Lo último en lo que estaba pensado era en comida. Jackson se acomoda en la silla y se pasa la mano por su pelo suavemente rizado y revuelto.
—¿También vas a pedir tu propia comida para ignorarla y comer lo que yo haya elegido? —comenta arrogante, impertinente, impaciente.
Por un momento no sé a qué se refiere, pero entonces me doy cuenta de que aún tengo la copa de borgoña en la mano mientras el agua está sola y olvidada. ¡Maldita sea!
Automáticamente dejo la copa sobre la mesa, malhumorada.
—Eso será todo, gracias —le digo al camarero, que asiente y se retira.
Jackson sonríe satisfecho y le da un sorbo a su copa de vino. El movimiento hace que mi mirada se pierda inmediatamente en sus labios.
Mala idea. Muy mala idea.
—Easton me ha contado que te has reunido con Nadine Belamy.
Asiento sin prestarle más atención, concentrándome de nuevo en la carta.
—Está muy preocupado, pero también muy orgulloso. Me dijo que esta especie de reto te vendría bien, porque eres una ratoncita de biblioteca que necesita conocer un poco de mundo. Me pregunto hasta qué punto será verdad.
Alzo la mirada de nuevo. ¿A qué ha venido eso?
—No soy ninguna ratoncita de biblioteca—me defiendo.
—¿Tienes novio? —pregunta ignorando por completo mi comentario.
—Sí —miento.
Ni siquiera tendría que haberle contestado. Esa pregunta está totalmente fuera de lugar.
—Me estás mintiendo.
—¿Cómo lo sabes? —lo desafío impertinente—. No eres tan inteligente como seguro que te dices por las noches antes de irte a dormir.
Le dedico mi mejor sonrisa fingida. Estoy claramente a la defensiva, pero no me importa. Todo es culpa suya.
—Porque ninguna chica que esté acostumbrada a que un hombre la vea desnuda se pone tan nerviosa con otro, ni siquiera una ratoncita de biblioteca como tú.
—¿Por qué siempre tienes que ser un capullo conmigo? —me quejo exasperada.
No es justo.
—Siempre es un poco exagerado, ¿no te parece? —comenta apoyando los brazos en la mesa y echándose ligeramente hacia delante.
—Primero en tu oficina y ahora aquí; para mí, eso es siempre —me reafirmo.
—Siento que tu triste vida se limite únicamente a mí —comenta encogiéndose de hombros—, pero puedo asegurarte que eso no es siempre —añade con un impertinente retintín en la última pablara y sonriendo una vez más. ¿Alguna vez piensa dejar de hacerlo? Yo abro la boca dispuesta a llamarle de todo—. Además —me interrumpe—, ¿se te ha olvidado que ayer también coincidimos?
Su pregunta me deja fuera de juego.
Atrapa mi mirada y yo carraspeo y aparto la mía. No le puedo permitir leer en mis ojos todo lo que estoy pensando ahora mismo.
—No se me ha olvidado —musito a regañadientes.
—Entonces, ¿entra en tu definición de siempre?
—No.
Se inclina un poco más y ya no tengo escapatoria a esos ojos verdes. Tampoco tengo claro que la quiera.
—Pero apuesto a que te encantaría —susurra.
Lo miro sin tener la más remota idea de qué decir y por un momento sólo hacemos eso, mantenernos la mirada. Su expresión cambia, sigue habiendo arrogancia, impertinencia, pero ahora también hay otra cosa y, si no fuera una completa locura, diría que es… deseo.
—Ya estamos de vuelta.
La voz de Easton nos distrae, sacándonos de esta especie de burbuja que se había creado a nuestro alrededor.
—Genial —respondo obligándome a mirarlo y a sonreír.
Jackson exhala todo el aire de sus pulmones a la que vez que pierde su mirada en los inmensos jardines. Allen le toca en el hombre reclamando su atención y padre e hijo toman asiento.
La comida avanza y nos sirven los primeros. Jackson adopta su actitud habitual y ni siquiera se molesta en integrarse en la conversación.
Mi mirada se encuentra un instante con la de Jackson, pero no dejo que me atrape, no delante de Allen y Easton.
—¿Y cómo es que hoy has decidido acompañarnos? —le pregunta Allen a Jackson.
Éste se encoge de hombros restándole importancia.
—Tengo un partido de polo —responde sin más.
—Supongo que tendré que conformarme con eso —replica Easton encantado de que su hijo esté sentado a su mesa—. Por lo menos estás aquí.
Jackson le devuelve una tenue sonrisa y toma un sorbo de vino. No deja de sorprenderme lo poco que se parece a Allen o a Easton. Todos tienen el mismo aire familiar, pero lo cierto es que hablamos de bellezas completamente diferentes. Easton y Allen tienen una belleza serena, la misma que puedes apreciar en un modelo de revista. El atractivo de Jackson, dibujado en su hermética mirada, traspasaría la revista, haría añicos el papel y calentaría tu piel.
Resoplo mentalmente.
«Concéntrate en tu plato de raviolis, Archer. Es mucho más inteligente.»
No tardamos en terminar de comer. Aún estamos esperamos los postres cuando Allen se levanta para atender una llamada de teléfono.
Un camarero se acerca y deja frente a mí una porción de tarta de cereza y galleta realmente deliciosa. Me contengo para no relamerme y miro a Easton con una sonrisa de oreja a oreja.
—Deja a este pobre viejo darte un capricho.
Mi sonrisa se ensancha. Si tiene que ver con cerezas, puede darme caprichos todos los días.
Un par de segundos después, es su móvil el que comienza a sonar. Mira la pantalla y se disculpa a la vez que se levanta. Es trabajo. Debe atender la llamada.
Lo observo alejarse e, incómoda, devuelvo mi mirada a la mesa. He vuelto a quedarme a solas con Jackson.
Estoy preparándome para un segundo asalto cuando ahora es mi teléfono el que empieza a sonar. Rebusco en mi bolso más tiempo del que me gustaría y al fin lo encuentro. Cuando miro la pantalla, sonrío de oreja a oreja. Es Connor. ¡Connor me está llamando!
—Hola, Connor —respondo.
—Hola, Lara.
Mi sonrisa se ensancha. ¡Me está llamando!
Jackson clava sus ojos verdes en los míos. Parece enfadado. Sé que no estoy siendo el colmo de la educación atendiendo una llamada en la mesa y, si hubiese alguien más, me levantaría para no molestarlo.
—Te llamaba para ver cómo estabas y también para saber si, bueno… —parece nervioso— si, quizá, te apetecería que fuésemos a tomar un café.
¡¿Qué?! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
—Sí, me encantaría tomar una café contigo —respondo tratando de que no se note que acaban de darme la noticia de mi vida.
Cierro los ojos y asiento felicísima. Cuando vuelvo a abrirlos, me encuentro otra vez con la mirada de Jackson. Ya no hay ninguna duda de que está enfadado. ¿Tan estricto es con los modales a la mesa?
—Si te parece, podemos vernos mañana. Podría pasar a recogerte a las cinco y media.
—Mañana será perfecto. Vivo en el 88 de la calle Franklin.
—Estupendo —sentencia—. Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Cuelgo y sonrío encantadísima. ¡Tengo una cita con Connor Harlow! Dejo el teléfono suavemente sobre la mesa y me muerdo el labio inferior bajo la atenta mirada de Jackson. No pienso dejar que me arruine este momento. Además, esta es mi venganza por haberse reído de mí con aquel «me gusta que no tengas citas, Lara».
Jackson mira mi iPhone y a continuación me mira a mí. Su mirada se llena de una genuina maldad.
—Mi padre te mima mucho —comenta desde su pedestal.
Si la arrogancia tuviese nombre, se apellidaría Colton.
—¿Celoso? —inquiero a mi vez hundiendo la cucharilla en la tarta y llevándome un trozo pequeño a la boca.
Estoy nerviosa, incluso un poco intimidada, pero no pienso demostrárselo.
—No, por Dios —responde con una sonrisa maliciosa en los labios—. El azúcar como sustituto del sexo se lo dejo a las ratoncitas de biblioteca.
Hi-jo-de-pu-ta.
Empujo el plato con la tarta hacia delante suavemente a la vez que dejo caer la servilleta sobre la mesa. Todo, concentrándome en la misma idea: no puedo asesinarlo. Soy abogada. Matar a alguien es delito, incluso matar a Jackson Colton es delito; todas las leyes tienen lagunas.
—Imagino que tienes algo urgente que hacer —comento y le dedico una sonrisa fingida y tirante—; no sé, un partido de polo, tirarte a alguna rubia que no esté segura de cómo se escribe su nombre… así que no te quedes sólo por ser educado. No me importa esperar sola a Allen y a Easton.
Muy bien, Archer. Ésa ha estado buena.
—No hace falta que lo jures —replica mordaz—. Pareces muy cómoda en la mesa de los Colton.
—Me encanta pasar tiempo con ellos —respondo sin achantarme—. Son muy agradables, así que imagino que a ti debieron de recogerte en un parque de bomberos.
—Anda —continúa con esa misma sonrisa llena de malicia—, como a ti.
Alzo la mirada y la conecto directamente con la suya. ¿Cómo ha podido atreverse a decir algo así?
—Eres un gilipollas —siseo.
Arrastro despacio la silla y me levanto.
—Me marcho —anuncio, sintiendo cada centímetro de mi cuerpo llenarse de rabia.
—De eso nada —responde sin asomo de duda, captando toda mi atención con esas tres únicas palabras.
—No necesito tu permiso.
—No te lo estaba dando.
Esa frase tiene una clara intención que no se me escapa. No se refiere a que soy una mujer adulta e independiente a la que nadie tiene por qué decirle dónde o no ir; más bien es todo lo contrario. Realmente me está diciendo que no me había dado permiso para alejarme de él.
No digo nada pero me esfuerzo en mantenerle la mirada. No soy la chica torpe y asustadiza que él ha dado por hecho que soy y pienso demostrárselo

(…)SINOPSIS

12466346_487258641457335_1647785448749365176_oLara es una chica normal y corriente. Quizás se parezca un poco más de
lo que le gustaría a una ratoncita de biblioteca, sobre todo si se compara con sus amigas Sadie y Dylan.

Por eso, cuando éstas le proponen dejar temblando la MasterCard y pasar un fin de semana a todo trapo en Atlantic City, al principio duda muchísimo, pero finalmente acepta.

Sin embargo, Lara no contaba con que su mirada se cruzaría con la de Conor Harlow en mitad de un exclusivo club. Reconocería esos ojos verdes sin dudarlo, ¡lleva bochornosamente enamorada de él ¡desde los trece años! Connor es guapísimo, elegante, sencillamente perfecto. Su sueño hecho realidad.

La vida de Lara se convertirá en un auténtico viaje de descubrimiento. Entenderá lo que significa la palabra indomable, cuántos sentimientos se pueden describir a través del sexo más salvaje y, sobre todo, lo que significa enamorarse de verdad.

No te pierdas esta historia de héroes, antihéroes y chicas capaces de ponerles las cosas verdaderamente complicadas a ambos.

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