¡Qué calor con “Nada Prohibido” de Mariel Ruggieri!

12377634_566208483534868_8607710206771429511_oAy Dios mío! Cada vez que Mariel Ruggieri aparece con una nueva historia, no hace más que hacernos
entrar en calor… ¡y qué calor!

Prueba de ellos son los adelantos que ha estado compartiendo en sus redes sociales sobre su próxima novela llamada “Nada prohibido”, una historia que saldrá publicada el próximo 6 de marzo de 2016 y que ha sido escrita con la colaboración de nuestro querido y amado Dante Áviles, quien según nos cuenta la escritora, “puso toda la carne en el asador en las escenas eróticas”.

Esta es una historia narrada en primera persona por el protagonista masculino, el psicólogo Máximo Aguirregaray… oh sí, esta vez será él quien nos hará arder con esta historia que, por lo que veo, nos pondrá la piel y el aliento calientes… eso y ¡algo más!

¿No me creen? pues entonces lean el adelanto que publicó hoy y luego me dirán!

ADVERTENCIA: CONTENIDO SEXUAL EXPLÍCITO. 

(…)
No puedo creer lo que me hizo.
“—Quedate quietita” —me pidió. Y de inmediato comencé a sentir algo caliente deslizarse por mis nalgas, por mis piernas. Nunca pensé que podía ser tan excitante que me orinaran encima, pero lo cierto es que me volví loca. Compartir un acto tan privado… Esa clase de confianza, esa intimidad, me puso en llamas. Le hice caso al principio, pero luego no pude evitar las ganas de frotarme contra él, y curvé mi espalda para sentir su pene entre mis nalgas, y que el chorro de orina me pegara más cerca aún, con toda la fuerza.
“—¿Te gusta?”—me preguntó y a mí no me salieron las palabras, sólo jadeé y moví la cabeza, asintiendo. “—¿Me dejás mearte encima, y no puedo cogerte por el culo?”—me dijo, extrañado y sonriente.
“—Eso… no… duele… Y lo otro sí…” –le respondí.
Su réplica fue acariciarme las tetas y morderme un hombro. Quería darme la vuelta para besarlo, pero no me lo permitió. Continué con él a mis espaldas, jadeando en mi oído.
“—Ahhh…” –No pude evitar jadear también.
“—El dolor y el placer están a veces muy cerca”—susurró mientras me introducía una mano desde atrás, y me acariciaba el sexo. Esa frase hace tiempo que da vueltas en mi cabeza, y me estremecí al recordar cuántas veces pensé en ella en relación a él.
El jabón era lo único que se interponía entre su cuerpo y el mío. El jabón, y su pene enorme que lentamente intentaba abrirse paso entre mis nalgas.
“—No, por favor…”—rogué, aunque no muy convencida de mi negativa.
“—No voy a hacer nada que te haga daño. Nada que vos no quieras hacer. Nada prohibido…”—murmuró mientras uno de sus dedos me tocaba allí.
Lo sentí tan excitado que me dio miedo. Y junto al miedo una gran excitación también se apoderó de mí también. El dolor, y el placer. El miedo y el placer. Máximo y el placer… Tiene razón: no hubo, ni habrá, nada prohibido entre él y yo.

EMILIA FRAGA
NADA PROHIBIDO
(…)

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