Un Castigo Placentero / Una Lección Inolvidable

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Mi querido jefe tenía cierta obsesión con mi carrera profesional, cosa que no le crítico, pero sí
me molesta que se atribuya decisiones en mi vida sin antes consultarlo.

–Te he matriculado en un diplomado que están impartiendo en UNITEC. Tienes que ir todos los días de seis a nueve de la noche. Durará tres semanas Corre por cuenta de la empresa, así que no te preocupes por el pago.

Así de simple. A la mierda mis noches de gimnasio o ir al bar con mis amigas, adiós a las noches de cine o las veces en que disfrutaba estar en mi casa temprano para ver una buena película.

Vale, hay que agradecer el detalle, su preocupación por mi crecimiento, su apoyo y bla, bla, bla, pero aunque sea me hubiera avisado ¿no? Pero en fin, sólo me quedó mostrarle una sonrisa forzada, responderle con un escueto “gracias” y salir de su oficina con un falso entusiasmo.

Así que ahí estaba, caminando con mi falda gris a las rodillas, mi camisa blanca de botones, zapatos de taco aguja y mi cabello ondulado suelto caminando por el pasillo de la universidad con mi cartera colgando del hombro un cuaderno bajo el brazo viendo como los jovencitos estudiantes me miraban con cara de pubertos calenturientos que se hacían la paja cada dos horas. Quizá a los ojos de ellos era la clásica catedrática de película porno, y para joderlos movía mis caderas de forma seductora a cada paso que daba, haciendo que disimularan menos.

Eso se estaba poniendo muy divertido.

Entre a la cafetería para hacer un poco de tiempo y después de ver el menú que ofrecía platos suculentamente grasosos y deliciosos como deditos de pollo con papas fritas y pizza, opté por pedir un café expreso y una galleta de pecanas.

Me senté cerca de los ventanales mientras veía la universidad en su total esplendor y observaba detalladamente como los muchachitos hablaban con sus amigos u otros discutían sus tareas, al igual que las chicas que apenas comenzaban a caminar con zapatos altos e intentaban mostrarse sensuales, capturando la atención de sus compañeros. Sonreí al ver esas actitudes porque en algún momento de mi vida yo también pasé por eso. Se sentía súper bien sentir que los chicos de la misma edad te miraban y deseaban, y no digamos las encerronas que tuve en el baño con alguno de ellos en una que otra ocasión.

Oh sí, que hermosos recuerdos de universidad.

Ahora no se siente para nada igual, más bien es como si esos chiquillos te vieran como una actriz de película porno por el solo hecho de ser una mujer que trabaja y tiene unos cuantos años más que ellos.

Créanme, es muy diferente.

Cambié la dirección de mi mirada para observar otros especímenes y de pronto me encuentro con algo a lo que llamo “un hombre de verdad”.

Oh-Dios-mío.

Un tipo de andar seguro, con un porte elegante, de aproximadamente unos 38 o 40 años, alto, de mandíbula cuadrada, cabello corto y un misterio increíblemente seductor. Quería verlo de frente y observar a detalle su rostro, pero iba caminando por el estacionamiento y no pude hacerlo, pero irradiaba ese misterio que me encantaba en los hombres.

Llevaba un pantalón gris, una camisa manga larga y un saco informal encima. En su mano tenía un pequeño portafolio y la otra estaba metiendo en el bolsillo de su pantalón. Definitivamente era un tipo varonil, de esos que de seguro, te hace ver estrellas teniéndolo entre tus piernas en la cama.

Adiós estudiantes pubertos ¡este tipo sí va conmigo!

Cuando lo perdí de vista revisé mi celular y tomé camino a mi salón de clases. Quería llegar temprano por todo el asunto de conseguir buen puesto ya que siempre fui de las que le gustaba sentarse adelante en clase para estar pendiente de todo.

Sí, aunque no lo crean, siempre fui una buena alumna.

Entré al aula que transmitía sobriedad por todas partes y había uno que otro estudiante, uno leyendo un libro, otro en su laptop y un par que estaban platicando.

Tomé asiento en una de los primeros escritorios y me puse a revisar correos en mi celular.

–Hola– escuché que me decía una voz ronca, masculina y joven.

Inmediatamente volteé y me encontré con un tipo de unos 30 años, de piel canela, ojos almendrados y labios increíblemente seductores. Su cabello castaño oscuro levemente ondulado y una sonrisa de “folla-mujeres”.

–Hola ¿qué tal? Soy Laura– dije con mi sonrisa coqueta mientras le extendía la mano para presentarme.

–Un placer Laura, soy Edgar– respondió llevándose mi mano a su boca y depositando un lento beso en ella.

–Lo mismo digo­– conteste acomodándome en el asiento y cruzando las piernas frente a él.

–¿A qué te dedicas Laura?­– pregunto interesado.

–Trabajo en Mercaplan ¿y tú?

–Soy gerente de mercadeo de Grupo Solís, una empresa distribuidora. ¿Has oído de ella?

–Por supuesto. Es una compañía conocida y hemos realizado un par de trabajos para ella.

“Vamos Laura, saca tu lado profesional sin dejar de ser seductora” decía en mi interior.

–Pues que lástima que no haya estado ahí para esos proyectos. Desde hace un mes comencé en el puesto, pero espero que pronto podamos realizar uno trabajo con ustedes.

–Lo mismo espero– puntualicé humedeciendo un poco mis labios y tocando suavemente mi cabellos.

Mientras hablábamos me di cuenta que el aula se había llenado poco a poco, hasta que unos pasos fuertes irrumpieron el salón.

–Buenas noches– dijo una voz tremendamente sensual.

Quité la mirada de Edgar y me senté de frente para ver al catedrático, y creo que mi boca se abrió al ver al espécimen que tenía en frente.

“Bueno Laura, querías verlo de cerca y aquí lo tienes”.

Aquel hombre que había morboseado desde la cafetería sería el catedrático que impartiría la clase.

Junté un poco mis piernas para calmar el calor que estaba sintiendo en aquel lugar secreto mientras veía como se sacaba el saco y lo colocaba detrás de la silla de su escritorio. Se remangó un poco las mangas de la camisa, se metió las manos en los bolsillos del pantalón y se paró frente a todos, observándonos fijamente, esperando que el silencio se apoderara del salón.

Cuando el lugar se calló por completo, giró, tomó un plumón y escribió en la pizarra acrílica su nombre mientras se iba presentando.

–Soy el licenciado Mauro Robles. Soy mercadólogo y tengo un master en marketing y ventas. Lo único que les voy a pedir en esta clase es puntualidad, formalidad y que hagan cualquier pregunta que se les venga en mente. Imagino que muchos de ustedes ya forman parte del mundo de la mercadotecnia por lo que haremos que estas semanas sean activas y llenas de ejercicios prácticos que incluso podrán realizar en sus trabajos laborales y luego analizarlos aquí

“Ahora me gustaría conocerlos, por lo que les voy a pedir a cada uno que me digan su nombre, profesión y lugar de trabajo”.

Al decir lo último comenzó a caminar hacia el lado derecho para llegar a la primera fila y se apoyó en la cátedra que se encontraba en ese punto del aula. Observo a la chica que se encontraba en el primer pupitre y levanto un poco las cejas, como indicándole que comenzara.

La chica nerviosa se presento como Kenia, era ejecutiva de cuentas en una agencia de publicidad desde hacia un año. Mientras hablaba se retorcía los dedos y se tocaba el pelo a cada rato sin quitarle la mirada a Mauro, y sí, lo trato con confianza porque este hombre no es tan mayor.

Los compañeros de clase seguían presentándose y él se mantenía concentrado, viendo a cada una de las personas que hablaban, como analizándolos o estudiándolos de arriba debajo de una forma matadora.

¡Joder! Este tipo era la reencarnación de la serpiente que provocó a Eva para que mordiera la manzana. Sus ojos tenían un color celeste hermoso, profundo. Su mirada era penetrante, misteriosa y su boca estaba formada por una deliciosa línea de labios delgados pero bien formados que solo incitaban al pecado de besarlos, morderlos, chuparlos, saborearlos…

–¿Laura?­– escuché que decían de pronto, sacándome de mi ensoñación mientras mantenía la mirada fija en su boca. Volteé y miré que Edgar me estaba mirando y tenía la mano colocada en mi antebrazo. –Es tu turno guapa– señaló con una leve sonrisa.

Observé de nuevo al catedrático que tenía la mirada cargada de ¿molestía? No lo sé. ¡No tengo la culpa que el tipo esté tan bueno y derroche tanta testosterona con su sola presencia!

Me pongo de pie y observo a mis compañeros antes de hablar y por momentos lo veo a él, dándole a todos la misma importancia y no hacerlo sentir único y especial.

–Hola a todos, soy Laura, trabajo en Mercaplan en el área de estudio de mercados. Mi trabajo consiste en elaborar las encuestas solicitadas por el cliente en base a la información que quiere obtener con el muestra de mercado elegido, luego realizo una elección de…

–Señorita Laura, agradezco su entusiasta explicación sobre algo que estoy seguro muchos conocen, así que no es necesario que continúe. El que sigue por favor.

¡Vaya! El muy idiota me acababa de dar un tremendo bajón muy elegantemente. Ahora, sé que hablo mucho, a veces de más, pero hay formas más bonitas de decirle a la gente que ya no siga ¿verdad?

Me quita la mirada y la centra en el compañero que tengo atrás mientras tomo asiendo nuevamente. Al parecer lo que tiene de buenote lo tiene de prepotente, estúpido y grosero.

Después de presentarnos todos comienza a explicarnos de que va a ser la clase, los temas que tocaremos, la forma en que será repartida la semana entre clases y práctica; nos habló sobre su forma de dar los puntos y el proyecto final que tendremos que esperar.

Al pasar las dos horas, se despidió con un simple: “Buenas noches, nos vemos mañana” y salio por la puerta.

Me levanto y veo de reojo que Edgar, el compañero que me habló al principio, se me acerca cautelosamente hasta tomar mi cintura con una de sus manos mientras estoy guardado mi celular en la cartera. Se me acerca al oído para hablarme, dejando que sienta la calidez de su aliento en mi nuca.

–¿Quieres que te acompañe?– pregunta con vos ronca.

–¿A dónde crees que puedas acompañarme?– respondo sensualmente con otra pregunta haciendo mi cabeza hacia atrás mientras saco un poco el trasero para que me sienta, y vale, por lo que puedo sentir no está nada mal.

–A donde sea que vayas.

Lo siento más cerca, presionando más su pelvis en mi trasero y rodeando por completo mi cintura, como para no dejarme ir. Con su otra mano comienza a acariciar mi cadera lentamente con todo el descaro del mundo, ya que sólo estamos los dos en el aula.

Logro sentir su respiración en mi oreja y cierro mis ojos, dejándome llevar por esa caricia tan cargada de sensualidad. Siendo que sus labios comienzan a dejar un reguero de besos suaves por mi cuello y nuca, incluso logo sentir que la punta de su lengua se asoma por momentos y roza mi piel como queriendo degustarla.

Comienzo a levantar las comisuras de mis labios, sonriendo por el placer que esos cariños me están provocando, levanto mi brazo y comienzo a despeinar su cabello mientras que mi otra mano sigue las caricias que se están dando en mi cadera.

Su respiración comienza a acelerarse cuando abandona la parte baja de mi cintura y se acerca cada vez más a mis senos, cuyos pezones se encuentran ya erectos, listos para las mordiditas o los lenguetazos que sabría que vendrían.

–¡Esto no es un hotel! – escuchamos de pronto que dice una voz enojada, sorprendiéndonos, separándonos y componiéndonos con la vergüenza en la cara.

Cuando termino de reponer mi ropa lo miro, y ese hombre, el adonis, el papacito arrogante catedrático llamado “Mauro” está ahí, prácticamente echando humo por la nariz observándome de arriba abajo mientras que Edgar se acomodaba la entrepierna.

Tenía un poco de vergüenza. No es muy lindo que te encuentren a punto de coger con un compañero de clases.

–Lo… lo siento, de verdad licenciado.– digo agachando mi cabeza de forma mansa porque necesito ser perdonada para verlo de nuevo al día siguiente…y al otro… y al otro.

–Claro– contesta sarcástico– si necesitan andar follando como conejos les recomiendo ir a un motel. Su vida íntima no es mi problema, pero pido respeto en las instalaciones de la universidad. Ahora les pido que se retiren y continúen sus cosas en otro lado.

–Señor… licencia… es mi culpa…. Yo– intenta hablar Edgar pero no lo dejan terminar.

–He dicho que se retiren. No me gusta repetir las cosas dos veces. Y no me importa saber quien comenzó o de quien es la culpa, sólo pido respeto. Buenas noches.

Se queda parado a un lado de la puerta con la mano estirada, indicándonos el pasillo, y los dos salimos como cohetes de plena navidad.

Al llegar al parque, Edgar intenta acercarse y lo detengo con la mano.

–Dejémoslo hasta aquí por favor.– le digo seria

–Discúlpame, de verdad yo no sabía…

–No es culpa tuya, nos dejamos llevar y fuimos irresponsables. Hablamos mañana ¿ok?

Lo veo apesarado y se rasca la cabeza en señal de preocupación. Me acerco y le doy un suave beso en los labios que lo deja sorprendido. Sonrío, le guiño un ojo y camino hasta llegar a mi carro para salir de la universidad y despedirme de ese primer día que no termino tan bien como esperaba, pero mantenía la esperanza de que al día siguiente, podría comenzar lo que habíamos comenzado con mi nuevo compañerito de clases.

Al día siguiente repito la misma rutina. Llego a la universidad, camino bajo la atenta mirada de los estudiantes y me dirijo a la cafetería para disfrutar de un café. Mi teléfono comienza a sonar, dándome la señal de que he recibido un correo y lo reviso concentrada, tanto así que no me doy cuenta del momento en que Mauro llega y se queda parado al lado de mi mesa.

Cuando levando la cabeza, me lo encuentro observándome seriamente, como tratando de descubrir algo en mi cara… o en mi escote.

–Oh, buenas tardes licenciado– digo algo tímida mientras coloco mi celular sobre la mesa. Y digo tímida porque al verlo recuerdo lo que sucedió anoche.

–Buenas tardes Laura ¿Cómo le va? ¿Interrumpo?– pregunta señalando mi móvil.

–No, no, para nada.

–¿Puedo acompañarla mientras esperamos la hora de clase?

–Por favor, claro– respondo con una sonrisa algo nerviosa. Es que la mirada de este hombre es bastante penetrante y hace que baje mis barreras. Eso no me gusta.

Se sienta y endereza la espalda moviendo los hombros hacia atrás, como si estuviera estresado y estuviera tratando de relajarse un poco. Cierra los ojos mientras hace el movimiento y mueve la cabeza de lado a lado. Luego su mirada vuelve hacia la mía y la mantiene igual de fría.

–¿Un día pesado?–le pregunto antes de llevar la taza de café a mis labios.

–Un poco, a veces los clientes pueden hacer de tu día un soberano infierno, imagino que ya lo sabes.

–Oh sí, créeme, te entiendo perfectamente, pero, esto de dar clases ¿no te estresa?

–Al contrario, es una forma de escaparme del día a día, además veo caras nuevas. Es un ambiente diferente.

–Comprendo, debe ser una experiencia interesante. Nunca me he imaginado siendo catedrática pero no me molestaría serlo.

–Bueno– dice con una sonrisa algo coqueta en los labios y desviando su mirada hacia la ventana– creo que si usted fuera profesora, los alumnos no irían tanto por el contenido de su clase, no por quien las estaría impartiendo.

–Por… por qué lo dice? ¿cree que no sería buena?­– cuestiono algo ofendida. ¿Qué se cree este? Que solo porque tengo buenas tetas y buen culo no voy a enseñar bien?

–No he dicho eso, al contrario, creo que sería una excelente catedrática, hablo de los estudiantes. Estoy seguro que a muchos no les importaría matricularse por qué tan buena o mala sea la clase, sino por la catedrática.

“Ajá, con esas vamos” pienso en mi interior.

–¿Y usted por qué se matricularía en mi clase?– pregunto sacando mi súper poder de coquetería. Bato mis pestañas, hago más pequeños mis ojos y muevo mi cabeza un poco hacia la derecha, curiosa y atenta a su respuesta.

–¿Yo? Bueno, entraría por la clase como tal. Trataría de informarme de que tan buena es la catedrática que la imparte y luego tomaría la decisión de entrar o no.

–Oh– respondo algo decepcionada. “¡Idiota!” grito por dentro. Esperaba otra respuesta.

–Pero…– “aquí vamos”– no voy a negar que disfrutaría mucho de verla frente al aula impartiendo clases. Eso sería como la cereza del pastel. Una buena clase acompañada de una muy hermosa y deliciosa instructora.

¡Uf! La mirada con que lo dice no hace más que despertarme una ganas locas de saltar sobre la mesa para desnudarlo y cogérmelo aquí, delante de todos. Sus ojos estudian mi reacción. Ay Dios! Lo que riera por ver esa cara mientras está entre mis piernas.

Le sonrío y vuelto a tomar café. No sé que carajo decir! El tipo me deja completamente desarmada. “Piensa Laura, piensa”.

–¿Estás cogiendo con Edgar?– pregunta de repente, haciendo que esté a punto de botar el café que tengo en mi boca.

“¿Qué?”

–¿Perdón?

–Que si estás cogiendo con Edgar, el chico de ayer. Estaban bastante entusiasmados cuando entré al salón.

–Creo que ese no es su problema licenciado.– digo algo enojada. Pero ¿quién se cree es que es?

–Claro que es mi problema, porque ahora voy a pensar que cada que salgo del aula, ustedes se quedarán ahí, follando como conejos y no es eso lo que quiero.

La tranquilidad con que lo dice es tal que me dan ganas de cachetearlo.

–No se preocupe licenciado, lo que pasó ayer no se volverá a repetir… al menos no en su salón.

“!Ja! ¡Toma ya imbécil!”

–Eso espero Laura, hay muchos lugares donde pueden coger en la universidad, pero mi salón no es uno de ellos.

–¿Y usted me puede recomendar algún lugar que sea bueno para eso licenciado?– pregunto con un tono sarcástico. Ya me está sacando de mis cabales este tipo.

–Podría decirle algunos, sí, pero lo interesante es descubrirlos, así que le queda de tarea. Dígale a su amigo que sea más creativo, al fin y al cabo ese es el trabajo de un hombre al momento de cogerse a una mujer.

–Imagino que usted debe ser muy creativo en la cama ¿verdad?– sigo manteniendo mi tono de burla.

–No lo sé– dice tranquilo después de levantar los hombros– al menos en cada encuentro sexual trato de darle a cada mujer un trato diferente. Me gusta hacerlas sentir únicas y diferentes. Me gusta que cuando estén con el próximo hombre se acuerden de mi, por lo que siempre trato de darles un buen sexo, con cosas que no han hecho antes, trato de cumplir sus fantasías. Me gusta que cada encuentro sea exclusivo y no repetitivo. Esa es mi manera de ver el sexo.

Me quedo callada observándolo. Mientras hablaba sentía que su tono de voz iba cambiando, sus palabras salían con un tono de voz ronco y seductor y no dejaba de ver mis labios y mis ojos mientras explicaba su técnica.

Si este hombre quería que lo deseara, lo había cumplido, pero no le daría el gusto… por ahora.

–Interesante teoría– respondo tranquila. –gracias por contarme su forma tan única de follar licenciado

–A la orden Laura.– Dice de forma pícara. –Ahora, si me disculpas, iré por mis cosas. Nos vemos en el aula.

Lo sigo con la mirada mientras se levanta y sale de la cafetería.

Condenado Mauro, ya me dejo con ganas de comprobar que tan creativo es a la hora de coger, pero no, no voy a caer en sus garras. Se nota que es un presumido arrogante y le encanta decir que tan bueno es en el sexo. ¡Ja! Estoy segura que es uno más del montón.

Antes de entrar al aula, me encuentro con Edgar en uno de los pasillos.

–Hola guapa.

–¡Ey tu! ¿Cómo estás?

–Bien, te estaba esperando. Te vi platicando con el licenciado. ¿Te dijo algo por lo de ayer?– pregunta apesarado.

–Oh no, para nada! Hablamos de mi trabajo, cosas sin importancia.

“Sí supieras”

–Que bueno, pensé que te estaba dando otra sermoneada, pero me alegro que no haya sido así.

Se acerca lentamente hasta quedar a pocos centímetros de mi boca. La observa descaradamente y luego la toma entre sus labios. Aprieta mi cintura y me empuja contra él.

Le respondo de la misma forma en que lo hice ayer, además, después de la plática que tuve con Mauro he quedado algo encendida.

Me separo de él, lo tomo de la mano y lo meto en uno de los baños que están vacios. Como estamos en la zona de maestría y diplomado no hay mucha gente, así que estamos libres de ser descubiertos.

Al entrar él me empuja contra la pared y comienza a besarme de forma desesperada mientras toca todo mi cuerpo. Pasa de mis senos a mi trasero y viceversa mientras yo lo agarro de su cabello y me inclino para restregar su verga en mi pelvis.

–Terminemos lo que comenzamos ayer bonita– dice mientras muerde el lóbulo de mi oreja.

En respuesta bajo mis manos para desabrocharle el pantalón y dejarlo caer. Meto mi mano en sus bóxer para tocar su verga, que no es tan grande como pensaba, y comienzo a masturbarlo mientras él jadea en mi boca.

Sus manos vuelan a mi camiseta y la sube, quedando ante él mi brasiere de encaje. Hace a un lado las copas y saca mis senos por el medio para comenzar a chupar los pezones. Debido a que están apretados por tener el sostén todavía puesto, hace más fácil el intercambio de uno a otro mientras se los come.

Levanto mi cabeza hacia atrás y lo sigo tocando. Él desesperado me sigue besando y baja su mano para meterla debajo de mi falda y comienza a tocar la humedad que se encuentra en los pliegues de mi vulva.

–Que mojada estás. Ya quiero estar dentro de ti.

Se agacha para sacar de su pantalón con condón y se lo pone bajo mi atenta mirada. Se acerca de nuevo y vuelve a besarme. Sube mi falda hasta la cintura y deja mi ropa interior a la vista.

–Estás tan buena Laura. Muero por cogerte

Subo mis piernas para rodear su cintura, y lleva su verga hasta mi ropa interior. Hace mis braguitas a un lado y mientras sigue chupando mis pezones, me penetra de una sola estocada.

Gimo ante la invasión que me llena, aunque no del todo, y luego comienza a cogerme a lo loco, como si nunca hubiera cogido en su vida.

Me penetra fuerte, duro, y mis gemidos acompañan sus movimientos mientras su lengua no abandona mis dos botones de placer que yacen en mi pecho. Me arqueo para sentir más sus embestidas y comienza a acelerarse, a perder el control

–Me vuelves loco, no voy a durar mucho muñeca– dice volviendo a mi boca y besándome con la misma locura que me está follando.

–Dame más– le respondo al oido– cógeme más fuerte, hazme terminar.

Y sin pensarlo dos veces comienza a pisarme como si fuera máquina de taladro.

Mis tetas saltan en cada embestida y el sujeta mi culo para cogerme moverme a su ritmo, hasta que un gruñido llena el espacio. Él se queda quieto dentro de mi y yo abro los ojos, algo histérica debo decir.

–Que rico estuvo esto– dice en mi oído.

–Si claro, lástima que no puedo decir lo mismo.– le respondo con desgana porque no me hizo terminar, ¡no llegue al maldito orgasmo!

–Mmm mi niña quedo con ganitas. Tendré que hacer algo al respecto.

Sus manos comienzan a acaricias mis piernas. Una continua en su cintura y la otra ya tiene el pie en el piso.

Me observa mientras llega a mis labios vaginales y comienza a masturbarme despacio. Mete sus dedos en mi vagina y comienza a bombear despacio mientras me acaricia el clítoris con su otra mano.

Me sujeto de sus hombros y cierros los ojos. Mis caderas comienzan a mover ondulantes para sentir placer, y me acuerdo de las palabras de Mauro. ¿Qué estaría haciendo él en este momento si estuviera conmigo? Aunque dudo que me dejara con ganas de un orgasmo. No, él no tiene pinta de ser así.

Recuerdo su mirada penetrante y mis movimientos comienzan a acelerarse hasta hacerme terminar bajo la atenta mirada de Edgar. Doy un suspiro y sonrío ya que es la primera vez que me corro mientras pienso en la mirada de un hombre que ni siquiera me ha tocado, y lo peor de todo es que lo hice estando con otro tipo entre mis piernas.

Abro mis ojos y observo a mi compañero de clase con una sonrisa de placer en la boca. “¡Idiota! Esto tenía que pasar mientras me cogías!! Grita mi interior.

–Es mejor que vayamos a clases– digo bajando mi otra pierna y acomodando mi ropa.

Me limpió, al igual que él y salgo del baño sin esperarlo. Que no crea que esto se va a volver a repetir.

Al parecer el polvo fue más rápido de lo que pensé porque cuando llego al aula, me encuentro con algunos alumnos afuera, platicando, y me siento aliviada porque Mauro todavía no ha llegado a clases, así que me pongo a platicar con otras personas cuando de reojo, veo que Edgar llega y me sonríe. Todavía tiene esa cara de imbécil recién follado, pero la mía no dice precisamente lo mismo.

Continúo concentrada escuchando las platicas cuando veo que se acerca Mauro arreglándose la camisa pero siempre con ese porte de prepotencia y elegancia.

Mis compañeros al verlo entran rápido al aula y yo voy tras ello, pero siento que Mauro se acerca a mi.

–Al decir otros lugares más creativos no hablaba precisamente de coger en el baño de la universidad.

Me quedo parada, quieta y con los ojos abiertos como platos mientras él pasa por mi lado y entra al salón de lo más tranquilo. De solo pensar en la idea de que nos haya escuchado, me pongo nerviosa a más no poder.

Vuelvo sobre mis pasos y tomo asiento al lado de Edgar que sigue con la misma cara de estúpido que acaba de tener un orgasmo. Juro que no quiero ni verlo, me desespera.

Mauro se comporta de lo más tranquilo, como si no me hubiera dicho nada o como si la plática que mantuvimos en la cafetería no hubiera sucedido nunca. Algunos compañeros hacen preguntas y el responde seguro de si mismo, dejando claro que acá, el experto en el tema es él.

Me cuesta un poco verlo a los ojos, siento algo de vergüenza y cólera a la vez por el idiota que tengo a mi lado. Escucho con atención el tema y trato de buscar la forma de hacerle una pregunta pero todo está demasiado claro y tampoco quiero quedar como la tonta que no entiende de lo que están hablando.

Al terminar la clase y verlo salir, agarro mis cosas rápidamente y salgo del salón de clases dejando atrás a Edgar que me está llamando. Llego a mi carro, me subo y arranco para evitar que me encuentre y mientras voy manejando voy pensando en como serán las cosas de ahora en adelante, es decir, la situación es incómoda: Tuve sexo con mi compañero de clase y fue una decepción completa, sin embargo él quedo satisfecho y quiere repetir, por otro lado está Mauro, el hombre al que me quiero coger pero escuchó como tenía sexo con Edgar, y para colmo es el catedrático al que tendré que seguir viendo todos los días durante las próximas semanas.

Sí, bastante incómodo.

Ahora tenía que buscar la forma de cómo arreglar la situación. Debía buscar una excusa para que Edgar no siguiera insistiendo en volver a acostarse conmigo y ver la manera de que Mauro cambiara su percepción hacia mi. No quería que pensara que era una mujer fácil y no exigente que me conformaba con tener sexo en cualquier lado.

Y bueno, después de darle vueltas y vueltas al tema h no llegar a ninguna conclusión para arreglar las cosas con Mauro, me encuentro aquí, en la cafetería de la universidad tomando mi clásico café de todas las tardes.

Veo por la ventana esperando que mi profesor aparezca, pero no lo hace. Al parecer llegará tarde a clases.

Camino por los pasillos hasta llegar al aula y me encuentro con un Edgar ansioso. Suspiro, cuento hasta diez y ocupo mi lugar a su lado.

–Laura ¿podemos hablar?

–¿Sobre qué?– pregunto indiferente revisando mi celular.

–Por lo que pasó ayer, es que te fuiste y no hablamos nada.

–Bueno Edgar, nos gustamos, follamos y ya está. ¿Qué es lo que esperas ahora?

–Es que… no sé, siento que algo te molesto y me gustaría… me gustaría que volviéramos a estar juntos para demostrarte que las cosas pueden ser diferentes.

Su mano agarra mi rodilla oculta debajo de la mesa del pupitre y comienza a subir, pero se la detengo en cuestión de segundos.

–Detente Edgar– digo haciendo que su movimiento pare. –Ya está, ya pasó. Dejémoslo así por favor. No estoy en un buen momento y lo menos que necesito es tener una aventura con nadie ¿ok?

Bajó la cabeza, dio un suspiro y retiro su mano.

–Entonces…

–Entonces nada, seguiremos siendo compañeros y ya. Somos personas adultas Edgar, comportémonos como tal ¿sí?

Me acomodo en el siento y sigo viendo mi celular mientras siento que Edgar se levanta y se va a platicar con otras personas. “¡Qué alivio!” dice mi conciencia mientras dejo salir aire por mi boca y sigo concentrada en mi agenda digital, hasta que siento entrar al hombre que desde el primer día, me ha tenido inquieta.

Mauro.

Comienza la clase como los últimos dos días, pero llega a tocar un punto que considero sumamente excitante debido a que es parte de lo que es mi trabajo, así que lo escucho con más atención.

–El público al que nuestras marcas se dirigen es lo más importante antes de proyectar una campaña. Su estatus económico, su edad, estilo de vida es vital para el momento de desarrollar la estrategia de comunicación.

–Me vas a disculpar, pero no estoy de acuerdo– lo interrumpo sin siquiera levantar la mano.

–¿Perdón?– pregunta juntando las cejas.

–Que no estoy de acuerdo en lo que está diciendo. El público objetivo no es lo más importante al momento de crear una campaña.

Veo que sonríe de lado y se apoya en la cátedra mientras cruza los brazos frente a su pecho.

–Entonces señorita Laura, instrúyanos.– dice con sarcasmo.

–Es usted quien debería instruirnos, licenciado, pero ya que al parecer no es muy experto como dijo pues tendré que explicarle que los “insight” son lo más importante para crear una campaña. No es cuestión de conocer el estatus económico, es cuestión de conocer el comportamiento de esa gente, sus expresiones, comportamientos, formas de hablar, eso es lo que al final nos dirá como dirigir la campaña. Eso va más allá del público objetivo.

–Bien. Interesante aportación señorita Laura. Ahora ¿puedo seguir con mi clase?

Su tono sigue siendo sarcástico, pero en su mirada puedo notar lo enojado que está por mi interrupción y por la manera en que lo corregí. Sé que no debí hacerlo pero ¡vamos! Necesitaba algo de acción.

La clase sigue como si nada hubiera pasado, y al terminar veo que Mauro sale sin tan siquiera voltear a verme. Sale de prisa y con una cara de pocos amigos. Al parecer todavía sigue molesto por mi interrupción.

En los siguientes días pasa lo mismo. Siempre, al llegar un punto de la clase, doy un comentario con alguna corrección de cualquier tipo que lo haga salirse de sus casillas, pero todas son siempre vinculadas con nuestra profesión. Cuando el dice que algo es “A”, yo digo que es “B”, si el quiere detenerse yo trato de seguir, y así sucesivamente, de hecho creo que nuestros compañeros pasan atentos y esperando la discusión de todos los días, como si eso se hubiera convertido en la mejor parte de la clase.

Y hablando de compañeros, les diré que Edgar está de lo más tranquilo ya que, por lo que he visto, encontró a otra chica con la cual puede tener todas las sesiones de sexo que quiera sin exigencia alguna de parte, así que ¡Bien por él! Lástima por ella.

Hoy entro a clases como todos los días y preparada para la batalla. Visto una falda blanca a las rodillas, una camiseta desmangada y bastante escotada color negro y una chaqueta encima del mismo color de la falda. Llevo zapatos de tacón negros con una franja blanca y el cabello suelto, dejando que mis rizos lleguen al final de mi espalda.

Me siento cómoda en mi pupitre y hablo con algunos de mis compañeros que amablemente me saludan y hacen bromas acerca de la discusión de hoy, incluso algunos han hecho apuestas de cuanto tiempo más aguantará Mauro con mi impertinencia y me parece de lo más divertido.

–Buenas tardes– escuchamos de repente al causante de nuestras risas y todos volvemos a nuestros respectivos asientos y esperamos ansiosos el momento indicado para comenzar.

Reconozco que a Mauro no se le mira de muy buen carácter, lo noto tenso y más serio de lo normal pero no le doy tanta importancia, estoy segura que el también disfruta, hasta cierto punto, nuestras discusiones, ya que es la única forma en la que tenemos interacción.

Después de unos cuarenta y cinco minutos de clase, comienza el tema que sé que será la manzana de la discordia: “Investigación de Mercados”. Sí, mi área, el tema en el que me desenvuelvo día a día, por el que me dan un sueldo.

–La investigación de mercados es vital para todo mercadólogo. Es es una de las herramientas más importantes en el mundo de la mercadotecnia.

–Disculpe, pero yo diría que es la más importante licenciado.– interrumpo. El round 1 comenzó.

–Señorita Laura, lo lamento pero no estoy de acuerdo. Sé que la investigación es el área en la que usted se desenvuelve pero no por eso es la más importante.

¡Bah! A eso le llamo un golpe bajo. Definitivamente no está de buenas pulgas y yo no estoy colaborando mucho con mi comportamiento infantil, pero no puedo detenerme, necesito que me vea, que me mate con su mirada.

–No es porque trabajo en eso licenciado, pero sin la investigación de mercado, la mercadotecnia no existiría. No habría forma de conocer al público.

–Señorita Laura…

–No sabríamos como está nuestro producto en el mercado– lo interrumpo –se desconocería por completo como está la competencia

–Laura…

–No puede decir que es sólo una de las herramientas admítalo, la mercadotecnia no sería nada sin…

–¡LAURA!– gritó de repente dejándome muda causándome un pequeño salto sobre mi asiento. Su mirada denotaba enojo, furia e impaciencia. –Diríjase a la oficina de dirección. La clase ha terminado, pueden retirarse, y a usted– dijo señalándome –la espero… a-ho-ra.

Agarra sus cosas y sale del aula hecho un huracán. Todos en el aula quedan sumergidos en un total silencio y se retiran sin hacer bulla, dejándome sola, sentada y sin saber que hacer.

–Ey ¿estás bien?– pregunto Edgar que al parecer se había quedado en el aula.

–Sí… sí, gracias.

–No pasará nada, ya lo verás– dice mientras aprieta mi hombro.

–Sí, lo mejor será que, hum, vaya a la oficina.

Tomo mis cosas y salgo del aula mientras que un “suerte” suena detrás de mi.

Camino por el pasillo hasta llegar a la dirección y toco la puerta, pero después de tocar y tocar no recibo respuesta, por lo que me arriesgo y decido entrar, pero al hacerlo veo que tampoco hay nadie adentro.

Me acerco al escritorio y tomo asiento en una de las sillas. Junto mis piernas como niña buena y comienzo a ver alrededor. Veo los libros ubicados en los estantes, los diplomas y algunos cuadros ubicados como adorno hasta que el sonido de una puerta me distrae. Escucho que la cierran y le pone el seguro para que nadie interrumpa.

Cierro los ojos y aspiro al sentir el perfume de Mauro y veo que se sienta frente a mi. Cierra los ojos, aprieta el centro de su nariz ubicado entre sus ojos y respira profundamente mientras se apoya en la silla.

Lo observo detalladamente y veo que realmente está inquieto. Veo sus labios y me convenzo que es un llamado a la tentación. Me muero de ganas por levantarme, acercarme a él y besarlo, acariciarlo, hacerle un masaje mientras lo voy desnudando, despeinarlo y…

–Laura– interrumpe de repente haciéndome volver de mis pensamientos lujuriosos.

–¿Sí?

–¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué lo haces?

–¿Por qué hago qué?– pregunto inocente.

–Sabes de lo que te estoy hablando– dice antes de dar un suspiro –tus interrupciones, tu forma de pelear conmigo frente a toda la clase. ¿Por qué lo haces?

–Yo… no sé, creo que me gusta.

–¿Te gusta pelear conmigo?– pregunta acercándose y colocando sus codos sobre la mesa. Junta sus manos frente a él y me observa concentrado, esperando mi respuesta.

–Sí, me gusta es que… siento que… mmmm.

“Carajo ¿cómo le digo que lo hago porque es la única forma de hacer que me vea como lo hace?”

–¿Qué Laura? ¿Por qué ahora que estamos solos no dices nada? ¿Por qué ahora no quieres discutir conmigo? O acaso te gusta hacerlo sólo cuando hay gente presente.

–No es eso, lo que pasa es que…

–Claro, si no tienes público no es divertido pelear conmigo ¿verdad? Necesitas gente para que puedas hacerme quedar mal

Va alzando la voz mientras se va levantando. Apoya sus manos en el escritorio y veo que sus ojos casi botan fuego por los ojos.

–Esa no… no era mi intención que…

–¿A no? ¿Esa no era tu intención? Entonces ¿Cuál era Laura? ¿Cuál?

–¡Llamar tu atención!– ¡Ja! Se lo dejo caer así, de sopetón, y funciona porque se queda callado observándome fijamente a los ojos mientras yo respiro algo agitada y nerviosa. –Sentí que esa era la única forma de llamar tu atención. Siempre estabas frío y cuando peleaba contigo era el único momento en que me mirabas como lo hacías.

Se retira de la mesa y comienza a caminar alrededor hasta que llega a mi lado. Jala la silla que está a mi derecha y se sienta. Yo miro mis manos porque no tengo el valor de levantar la vista y verlo a la cara.

–Eso es mentira Laura, créeme que estoy más pendiente de ti de lo que crees.

–¿Qué?– pregunto esta vez viendo su ojos.

–Paso pendiente de ti Laura, te veo en la cafetería, veo el momento en que entras en la universidad moviendo tus caderas de un lado a otro, la forma en que observas a los demás, veo tu concentración en clases… te veo todo el tiempo Laura y lamento que no te hayas dado cuenta pero creí que lo sabías.

Y le lanza todo eso con ese tono de voz ronco y sensual, viéndome de arriba abajo, comiéndome con la mirada como siempre quise que hiciera. Lo tengo aquí, a mi alcance, y sé que con solo levantar la mano lo podré tener para mi.

–Entonces…

–Entonces Laura, no eran necesarias las discusiones.– Se levanta y se acerca a mi oído. –Pensé que eras más “creativa”, de hecho, cuando escuché como ese tipo te follaba en el baño pensé en todo lo que yo podría hacerte. Sabía que yo podría hacerte gritar y gemir más alto que ese imbécil.

Mi corazón comienza a latir rápidamente, y mi entrepierna también.

Se levanta y entra por una puerta que imagino que es el baño y es en este momento que saco mi lado sensual para ponerlo a prueba. Si tanto me desea, tendrá que demostrármelo y yo estoy dispuesta a ponérselo fácil… muy fácil.

Me levanto sin hacer ruido, rodeo el escritorio y me siento sobre él, quedando exactamente delante a la silla principal. Abro mis piernas y coloco cada pie sobre las braceras del asiento. Coloco mis manos en la mesa, dejando expuesto mi escote y dejo que la punta de mis rizos acaricien la madera.

Estoy ansiosa, desesperada y loca, loca de remate.

Escucho que la puerta se abre y cierro mis ojos al no escuchar ninguna expresión de su parte. Sé que le gusta lo que ve.

Lo siento cerca, pero sus pasos son lentos. Es como si estuviera tomándose su tiempo para ver a la presa que está a punto de devorarse.

Siento su mano tocar mi cabello y sigue caminando hasta quedar frente a mi, haciendo que abra mis ojos y me encuentre directamente con los de él que me observan de forma ardiente.

Sus manos se elevan y comienzan a acariciar mis rodillas y van subiendo lentamente hasta llegar a mis muslos, pero no pasa de ahí. Veo que retira la silla y se coloca entre mis piernas. Se inclina lentamente y apoya sus manos en el escritorio, a cada lado de mi cintura, y queda frente a mi boca.

–¿Este es el tipo de atención que querías Laura?

–Sí licenciado.

–Y ¿Te vas a portar bien esta vez? ¿Serás una buena alumna?

–S…sí.

–Dejarás que te coma entera y que chupe cada rincón de tu cuerpo? ¿Te vendrás en mi boca y luego con mi verga dentro de ti?

Asiento con la cabeza y emito un gemido porque mi voz ya no puede salir. La forma en que habla no hace más que encenderme y desearlo más de la cuenta.

–¿Quieres que te coja aquí Laura? ¿En este escritorio?

Cierro los ojos de nuevo al sentir más cerca su aliento y asiento de nuevo, pero cuando lo hago, siento que uno de sus manos comienza a meterse entre mis piernas y hace a un lado mis braguitas para encontrarse con mi vulva mojada. Cuando sus dedos comienzan a moverse de arriba abajo, jugando con mis labios, comienzo a jadear pero él se roba mis gemidos con un beso que me deja sin aliento. Su lengua arrasa con mi interior y esos labios que he deseado por tanto tiempo, juegan expertos con mi boca. Me los muerde, los chupa y los vuelve a besar.

–Mira que tenemos aquí– dice separándose de mi, observándome –¿Esta humedad es por mi? ¿Dejaras que me coma esta cosita rica y que te coja sin piedad hasta que me pidas que pare?

–Hazme lo que quieras.

–¿Lo que quiera muñeca?

–Si

Dos de sus dedos continúan masturbándomemientras que con su pulgar está acariciando mi clítoris hinchado.Comienza a besarme de nuevo y mis caderas comienzan a moverse más rápido, exigiendo que su mano se mueva con más rapidez, pero cuando estoy a punto de correrme y mis paredes vaginales comienzan a contraerse, él saca sus dedos de mi interior y se los chupa con placer.

–No tan pronto señorita– dice en mi boca– esto recién comienza.

Se separa de mi cuerpo, haciéndome sentir un gran vacío, y comienza a desabotonar mi saco blanco. Me siento recta en el escritorio y me retiro la prenda. Luego mete sus manos por mi cintura para quitarme la camiseta que tengo debajo y yo alzo los brazos para que la quite.

El sonrío pícaro, con esa mirada matadora y se queda observando mi brasier color piel de encaje, por el que se asoman mis pezones cafés que yacen erectos y ansiosos por recibir atención. Los mira con deseo y levanta la mirada para ver mis labios mientras yo no me pierdo ninguno de sus gestos.

Con lentitud comienza a bajar los tirantes de mi ropa interior hasta ver que mis senos quedan libres y listos para él. Sus manos vuelan hasta ellos y comienza a jugar con los dos, apretándolos y peñizcando mis pezones, haciéndome gemir bajito. Se agacha y comienza lamerlos, pasando su caliente lengua por uno de ellos y luego por el otro, luego los junta y comienza a devorarlos, abre su boca cual niño hambriento y los disfruta, los chupa uno a uno y se los mete a la boca con gozo.

Me arqueo para darle más acceso y el lo disfruta feliz mientras que mis manos viajan a su corto cabello y comienzo a despeinarlo, tal y como imagine hacerlo desde que lo conocí.

Se separa nuevamente y me observa. Baja su mirada y comienza a subir mi falda para encontrarse con mis bragas mojadas. Mete sus manos para bajar mi ropa interior y queda viendo mi vulva chorreante, deseosa de sus caricias, de su boca y de su polla.

–Estas deliciosamente mojada para mi. No sabes como voy a disfrutar cogiéndote Laura.– Veo que jala la silla y se sienta en ella. Se acerca y abre un poco más mis piernas para que mi centro quede lo más expuesto posible a él. Se acerca e inhala mi aroma de excitación. –Tu olor es tan rico como tu sabor.– y entonces comienza el asalto.

Saca la lengua y le da una lamida a mis labios mientras coloca mis pies sobre las braceras se la silla, permitiendo que me pueda apoyar para levantar mis caderas.

Sujeta me trasero y lo alza para acercarme más a él y su lengua comienza a hacer estragos en mi vulva, haciendo que incluso me acueste para sentir más su juego.

Llega a mi clítoris, lo lame, le da pequeñas mordidas, y luego comienza a chuparlo con lentitud, disfrutando su sabor y su erección. Abre la boca para comerme completamente y uno de sus dedos comienza a entrar y salir. Juega con mi punto G mientras sigue chupando. Por momentos se separa y es su lengua la que entra en mi para después seguir lamiendo y chupando mi humedad.

Mis caderas se mueven en un vaivén en su boca. Lo disfruto y me retuerzo mientras me come completa. Su dedo comienza a masturbarme con más rapidez y luego lo saca para acariciar mis labios al mismo momento en que su lengua juega con mi clítoris y su otra mano va hacia uno de mis pezones, apretándolo y masajeándolo.

Comienzo a moverme más rápido en busca de mi cercano orgasmo y él, al darse cuenta, aprieta mis nalgas y las aprieta contra su boca, a manera que centro de placer quede pegado a él. Mueve su lengua rápidamente en mi clítoris, me chupa desesperadamente, juega con mis labios de una forma inexplicable, rápida y sensual hasta hacerme gritar de placer por el derrumbe de placer que envuelve mi cuerpo.

Sus dedos nuevamente entran cuando mi cuerpo está teniendo los últimos espasmos de placer y él pasa su lengua un par de veces más por mis labios.

–Tu orgasmo fue delicioso preciosa y espero verte terminar de nuevo.

Se levanta de un solo tirón y comienza a desabotonar su camina mientras observa fijamente mi cuerpo y mis piernas abiertas para él.

Su cuerpo es un llamado al pecado. Su abdomen está perfectamente formado, puro músculo y no hace más que despertarme unas ganas locas por parar mi lengua por su pecho.

Me siento, aun con las piernas abiertas y él atrapa mi boca de forma sensual, dejando que sienta mi sabor en sus labios. Luego comienzo a besar su cuelo, sus hombros, su pecho, y bajo mis manos para desabrochar el pantalón que guarda esa verga dura que se nota en la tela, pero antes de hacerlo él mete su mano en el bolsillo trasero y saca un paquete de preservativos que coloca sobre la mesa.

Cuando logro desabotonarlo y bajar el cierre, meto mis manos por debajo de su bóxer y siento sus nalgas duras. Comienzo a bajar las prendas y mis pies ayudan a que éstas bajen completamente, dejando que su polla erecta salga de un solo salto, mostrándose grande, gruesa y venosa.

La veo y paso mi mano por su cabeza en la que yace un poco de líquido pre seminal y comienzo a masturbarlo lentamente. Lo veo a los ojos y él toma mis pezones y los acaricia.

–¿Te gusta lo que ves?– pregunta en voz baja.

–Ajum– respondo sin dejar de verlo.

–¿Quieres que la meta en tu coño muñeca?

–S..sí…por favor.

De forma inesperada baja sus manos nuevamente a mis nalgas y me jala a manera de quedar más a la orilla del escritorio. Pone su mano entre mis senos y me empuja para acostarme. Luego toma mis rodillas y las abre más para él.

–Así nena, quiero verte más abierta para ver como tu coño se traga mi verga. Quiero ver como entra lentamente y como mi pene se moja de tu humedad.

¡Joder! Sus palabras me encienden más de lo que estoy y comienzo a tocar mis senos por lo caliente del momento y él lanza sus manos al mismo lugar que las mías, se inclina y se mete nuevamente mis pezones a su boca caliente mientras que siento como la punta de su polla se asoma en la entrada de mi vagina.

Se levanta, se acerca y coloca su pene en mis labios para comenzar a restregarlos en su humedad, provocando que me arquee ante la sensación, sobretodo cuando pasa por mi clítoris.

–Sigues tan mojada nena. Que rico va a ser cogerte.– dice mientras continua moviendo su verga de arriba abajo, hasta que la siento en la entrada de mi canal. –Que cosa más rica tienes preciosa, toda tú eres deliciosa.

Siento como el grosor de su sable comienza a entrar en mi interior y emite un gruñido. Luego lo saca lentamente completamente para después volverlo a meter de una sola estocada para sacarlo nuevamente.

–Mira como entra… mira como me tragas preciosa. Tu coño me desea y es tan caliente, tan rico. Quisiera follarte toda la puta noche– dice mientras continua entrando y saliendo.– ¿Quieres que te coja más rápido?

–Hazme lo que… lo que quieras.– respondo ansiosa, loca de deseo.

–Como quieras muñeca.

Entra de nuevo en mi, sujeta mis caderas y comienza a cogerme con duro, muy duro. Por momentos sale completamente para luego volver a entrar de un solo y empezar a cogerme tan rápido que hace que mis tetas suban y bajen por la fuerza con que me da.

El sonido de su pelvi chocando con mi entrepierna es exquisito y llena toda la oficina. Nuestros gemidos se envuelven y suenan como la música más seductora.

Veo que toma mis piernas y las alza a manera que mis tacones quedan a la altura de sus hombros, dejando que esta vez sean mis nalgas las que chocan con su piel. Me jalan más a la orilla, a manera que mi trasero queda en el aire y me coge duro. El placer es exquisito.

–Tu vagina está más cerrada en esta posición muñeca– dice mientras me sigue penetrando– que coño tan rico tienes.

Mis respuestas solo son gemidos. No puedo pedirle más porque sabe como cogerme, sabe lo que me gusta y lo que necesito sin necesidad de pedirle nada.

Se separa de mi y manteniéndome en la misma posición, se agacha y comienza a chupar mis labios, a comérselos otra vez. Estando así, con las piernas levantadas y juntas, puedo sentir más el momento en que mete su lengua y luego me sigue succionando con experiencia. Luego se levanta y me vuelve a penetrar con más rapidez. La saca y la vuelve a meter para cogerme rápido.

Abre mis piernas y mantiene mis tobillos en lo más alto. Baja su mirada y queda con la mirada perdida, observando como su verga entra y sale de mi interior. Sus manos comienzan a bajar y con uno de sus dedos comienza a acariciar mi clítoris mientras me sigue cogiendo, haciendo que de un grito de placer.

–¿Te gusta verdad nena?

–Sí… me encanta… sigue así… cógeme rico y duro

Sin decir más me sigue penetrando y acariciando sin parar. Por momentos, cuando estoy a punto de venirme, se retira y deja de tocarme para, luego de unos segundos volver al asalto y seguirme cogiendo.

De pronto se detiene, se inclina sobre mi y comienza a besarme mientras enrollo mis piernas en su cintura.

–Eres mejor de lo que pensé Laura, eres exquisita, tu cuerpo, tus labios, tu sabor, toda tú eres deliciosa y no sé si podré detenerme.

–No te detengas– le digo pícara, sintiendo mis labios un poco hinchados por sus besos.

–No lo haré– dice antes de besarme nuevamente.

Se levanta, me da sus manos y yo se las tomo. Cuando estoy de pie comienza a besarme de nuevo, toma mi cintura y me pone de espaldas a él.

–Inclínate muñeca, necesito cogerte viendo tu delicioso culo.

Apoyo mis codos en la mesa y le entrego mi trasero. Comienzo a moverlo de un lado a otro y lo que recibo es un azote de su parte.

–¡Au!– grito por la sorpresa.

–Sigue moviéndote así y te daré otro por provocadora.

–¿No te gusta?– pregunto inocente.

–Me encanta, demasiado, pero si lo sigues moviendo así voy a terminar antes de cogerte.

Me rio por lo bajo hasta que siento la punta de su verga nuevamente en la entrada de mi canal y luego siento que me invade por completo.

–Mierda, eres tan rica, por donde te coja eres igual de deliciosa.

Se inclina para darme un beso en la espalda y luego comienza a cogerme duro. Agarra mis nalgas y las abre para verla forma en que mi coño se lo traga y luego las cierra y las mueve a su ritmo.

Me penetra con tanta fuerza que cuando entra siendo que mis pies se levantan un poco. Es exitante.

Una de sus manos rodea mi cintura y con la otra comienza a masturbarme, a jugar con mi clítoris. Sus labios comienzan a acariciar mi espalda, dándome besos y lamiéndome poco a poco mientras que sus dedos hacen estragos en mi botoncito de placer y su polla me coge con fuerza.

Una fuerte energía comienza a formarse nuevamente por todo mi cuerpo y no se de qué manera acomodarme, así que me apoyo sobre las palmas de mis manos y me levanto un poco para sacar más el culo y sentir como me penetra. Me siento histérica, ansiosa por sentir ese orgasmo y él lo sabe.

–Vente para mi muñeca, dame ese orgasmo, dámelo… vamos.

Sus arremetidas comienzan a ser más fuertes y sus dedos comienzan a moverse más rápido en mi centro de deseo. Su otra mano viaja a uno de mis pezones que revolotean por la cogida que me están dando y comienza a apretarlo.

–Me vengo Mauro.

–Córrete muñeca… dámelo ¡vamos!

5…4…3…2… penetraciones más y me hace terminar en un orgasmo desgarrador. Grito y me retuerzo aun con su polla adentro y apoyo mi frente en la madera mientras mis gemidos comienzan a calmarse. La revolución de sensaciones que llevo en mi interior es imposible de describir.

Él continúa cogiéndome porque aun no se ha venido y yo saco más mi trasero y me muevo de forma circular para que me sienta mejor.

–Sí… así muñeca, mueve así tu culo…oh sí… que rico te mueves.

Su tono de voz me enciende y me muevo con más ganas para darle placer. Siento la fuerza con que me penetra y de pronto sus estocadas son más rápidas y desesperadas.

–Ya termino muñeca… sí, ya casi.

Como puedo me separo de él y lo dejo con la cara desencajada. Rápidamente me pongo de rodillas, le saco el condón y me meto su verga a la boca.

–Mierda Laura… Lau… Oh si…

Su verga es tan deliciosa en mi coño como en mi boca, así que comienzo a lamerlo y llevo la punta de su polla hasta el fondo de mi garganta. Me muevo rápido mientras que una de mis manos aprieta suavemente sus testículos.

–Me la chupas tan rico nena– dice viéndome a los ojos y acariciando mi cabello mientras yo también lo observo fijamente.– Me vendré en tu boca si no te detienes.

Cuando dice eso, no hago más que apretar sus nalgas con mi mano libre para que no se separe de mi y comienzo a chupársela con más rapidez, dejando que incluso mi lengua revolotee y haga su aparición un par de veces mientras tengo su verga adentro.

–Te voy a dar mi leche preciosa… toda mi leche…mmm tómala preciosa.

Siento que mi boca comienza a llenarse de su líquido caliente y dulce y me quedo quieta, chupando, tragando y disfrutando el manjar de leche que estoy recibiendo.

Cuando me aseguro que ya no queda nada, paso la lengua por mis labios y veo que sigue con su mirada fija en mi.

–¿Te gustó?– pregunto como niña buena.

–Eres increíble nena. Ven, levántate– dice tomándome de los hombros y ayudando a que me ponga de pie.

Apoyo mi trasero en el escritorio y él, sin importar que tenga en mi boca su sabor, comienza a besarme sensualmente, haciendo que mi coño entre en calor nuevamente.

–Esto fue simplemente increíble.– dice con total seguridad.

–Sí que lo fue– respondo con una tonta sonrisa en los labios de recién follada.

–No quiero que sea el último Laura, quiero repetir y repetir, quiero cogerte de mil formas posibles.

–Mmm eso suena tentador. Me gusta como suena.

–A mi me gusta mucho más, y créeme, ahora que sé que tus peleas eran para provocar mi atención, tienes toda la libertad de pelear conmigo cuando quieras.

–¿Seguro?

–Segurisimo.

–Bien pero, tú me dijiste la vez pasada que eras exclusivo y que eras creativo ¿verdad?

–Sí, lo dije.

–…y me dijiste que habían sitios mejores en la universidad para coger ¿cierto?

–Cierto

–¿Y me los vas a enseñar?

–Oh nena, te los voy a enseñar y descubriremos otros nuevos. No creo que me vaya a cansar de ti muy pronto.

–Bien, entonces licenciado… ¿puedo retirarme?

–Puede retirarse Laura, pero ya sabe que la próxima vez que se atreva a discutir conmigo en el aula, tendrá su castigo.

–Entonces licenciado, espero ansiosa la siguiente clase.

No tengo ni que decirles que, durante todo el diplomado, en cada clase, una discusión se hacia presente y por supuesto, cada una de ellas, terminaba con su respectivo y placentero castigo.

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