No se pierdan el nuevo adelanto de “La Bestia” de Lily Perozo

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“La Bestia”
es una de las novelas que más hemos estado esperando, y es que Lily Perozo tiene ese talento de crear historias diferentes que nos hacen comernos las uñas hasta quedar con los dedos rojitos.

La autora de “Dulces Mentiras, Amargas Verdades”  y “Para Elisa” nos ha mantenido a sus lectoras llenas de ansiedad con este nuevo libro, y más aún cuando comparte este tipo de adelantos como el que  compartió hoy en el grupo de Hermanas Perozo.

¿Quieren leerlo? pues acá se los dejo!

(…)

—¿Quién crees que fue culpable de la muerte de Abel? —preguntó una vez que ella terminó de leer. 
—Caín fue tentado por el pecado y no tuvo la voluntad suficiente para resistirse —dijo con convicción.
—No es así… realmente la culpa la tuvo el Señor… fue su decisión de honrar de mejor manera la ofrenda de Abel cuando ambos se habían esforzado por igual, el Señor pudo darle el mismo valor a ambas ofrendas, pero a cambio solo creó las diferencias, provocando que el corazón de Caín se llenara de envidia hacia su propio hermano —A Benjamin le gustaba ver como esos grandes ojos verdes se llenaban de duda—. No conforme con eso, después de que Caín mató a Abel, solo lo castigó expulsándolo, cuando debió eliminarlo o resguardarlo para que comprendiera que había pecado, pero dejó salir al pecador y también se aseguró de que nadie más le hiciera daño, lo hizo porque quería que toda la mierda se siguiera extendiendo.
—Pensé que ya no ibas a refutar las sagradas escrituras —reprendió haciendo un mohín que a él le pareció muy gracioso.
—No las estoy refutando simplemente estoy dando otra opinión —se alzó de hombros y por primera vez la veía sonreír más allá de un simple gesto amable.
—Está bien, acepto tu opinión pero no la comparto.
—¡Qué bien! Así puedo sentirme en la libertad de decir que tampoco comparto la mayoría de tus opiniones.
—Prefiero que seas sincero y no que guardes cosas negativas en tu corazón —dijo y por un momento sintió que no podía desviar su mirada de esos enigmáticos ojos azules, era como si la estuviese atando a sus pupilas—. De… debo irme —tartamudeó y se levantó rápidamente, sin poder evitar sentirse muy nerviosa y con el corazón golpeteándole contra el pecho.
—¿Vendrás mañana? —preguntó siguiéndola con la mirada.
—No lo sé.
—Por favor, eres la única persona que me hace compañía.
—Intentaré venir, pero no puedo prometerlo —Candice se dio media vuelta al tiempo que se colgaba del hombro su bolso y no se atrevía a mirarlo una vez más a los ojos por temor a quedarse anclada en esas pupilas.
—No quiero promesas, tienen más valor tus intenciones.
—Está bien, mi intención es venir, pero puede que haya algún inconveniente.
—Rezaré para que no lo haya —comentó con una sonrisa casi angelical, disfrazando esa gran mentira.

(…)

Esperemos que pronto tengamos otro adelanto para así calmar nuestras ansias por tener este libro.

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