Captítulo 13 – Je T’Aime, París

(…)es-nuestro-espacio
Llevo en mi garganta un sentir lleno de angustia y melancolía. No
quiero irme, no quiero dejar a Elliot, no quiero dejar esta ciudad, ni sus noches, ni sus días, quisiera quedarme eternamente respirando su aire, observando sus paisajes y disfrutar de cómo las parejas se aman y entregan frente a todos mientras su imagen es estampada en el lienzo de un pintor. Quiero despertar en cada otoño, verano, invierno y primavera al lado de este hombre que me ha robado una gran parte de mi corazón.

No. No quiero irme, pero no puedo quedarme.

–¿En qué piensas?– pregunta de repente.

–Mmmmm– respondo, evitando que mi voz suene quebrada por los sollozos que tengo acumulados en mi garganta.

–París, mírame.– Lo abrazo más fuerte y escondo mi cabeza entre su cuello y hombro. –Amor, por favor no… no me hagas esto, déjame verte.

Doy un suspiro entrecortado y salgo de mi escondite para verlo a los ojos directamente, dejando que unas lágrimas se me escapen.

–Lo siento, no quería que me veas así– contesto con el intento de una sonrisa.

–No lo sientas muñeca, pero no llores, por favor, pronto nos volveremos a ver, esto sólo es un hasta pronto. ¿Recuerdas lo que hablamos ayer? Es sólo cuestión de proponérnoslo.

–Lo sé, lo sé, es solo que… no quiero irme Elliot, no quiero, quiero quedarme aquí.

Mi dolor comienza a desbordarse poco a poco y lloro desconsoladamente frente a él, sin esconder nada.

–Chis, ven aquí pequeña.– dice jalándome suavemente hasta él para quedar sobre su pecho. Me abraza fuertemente y llena de besos mi cabello. –Si quieres quedarte, sólo tienes que decírmelo. En mi casa hay espacio de sobra, tengo un trabajo estable, sólo dímelo mi amor, pero por favor, no quiero verte así.

–Es que no puedo… tengo que volver, necesito hacerlo. Tengo que volver a mi trabajo, no puedo dejarlo así como así, y mi familia, mi departamento… debo volver para hacer bien las cosas, ahorrar nuevamente y una vez tenga todo arreglado podré volver.

–Entonces amor, si ya lo tienes todo programado y es un hecho de que vas a regresar ¿por qué estás así?

–Porque quiero seguir viviendo esto, no quiero dejarte, no quiero darle una pausa a esto Elliot.

–No será una pausa, será una forma de darnos cuenta lo mucho que nos queremos, cada noche será como una prueba que vamos a vencer, además hablaremos por skype y te mandaré cartas escritas a mano.

–¿A mano?– pregunto extrañada limpiando la humedad de mi rostro.

–Claro, a mano. La gente se ha olvidado del romanticismo por la era digital. Ahora le dicen romántico a un post, a un tweet o un snapchat y se han olvidado de todos los sentimientos que van ocultos detrás de una carta escrita a puño y letra, así que, señorita, prepárese para llenarse de cartas, porque te voy a escribir todos los días.

–¡Las esperaré ansiosa!

–¿Ves? Ahora tienes un motivo para estar allá.

Sigue besándome, me toma por la cintura y me coloca a horcadas sobre él. Las sábanas se resbalan por mi cuerpo desnudo mientras lo observo fijamente.

Ahora él está distraído, con la mirada perdida en mi piel.

–¿En qué piensas?– pregunto inclinándome hacia el frente, colocando mis manos sobre su corazón y apoyando mi barbilla en ellas mientras él acomoda una almohada detrás de su cabeza.

–Pienso en qué hubiera pasado si no te hubiera conocido.

–Y ¿qué crees que hubiera sucedido?

–Seguiría viendo mi vida en blanco y negro a través de mis recuerdos, pero gracias a ti ahora veo a colores y en HD.

Sonrío ante sus ocurrencias y lo continúo viendo.– Creo que aunque le diera la vuelta al mundo, no encontraría a nadie como tú.

–Lo mismo digo linda, lo mismo digo.

–¿Sabes? No dejaré que pase un año para volver.

–Confío en que así será, porque de lo contrarío yo me iré para allá para buscarte y traerte en mis hombros.

–Lo peor es que te creo capaz de hacerlo.

–Sabes que lo hago.

Nos reímos al imaginarlo en el aeropuerto llevándome en los hombros como si fuera un paquete. En ese momento me acuerdo de aquel día en que me sacó cargada del lobby del hotel porque quería preguntarle a la recepcionista si él tenía cara de gígolo.

–¿Y esa sonrisa?– me pregunta de repente.

–Es que me estaba acordando del día que parecías gígolo y me sacaste del hotel en tus brazos.

Él también se ríe. –Fue un momento divertido.

–Bastante.– Contesto sentándome. Acaricio su pecho y siento a través de mis dedos el latir de su corazón y la forma en que su respiración comienza a acelerarse poco a poco. Paseo por su cuerpo con mis uñas y el toca mis piernas de forma traviesa. La humedad comienza a apoderarse de mi intimidad y él reacciona de la misma forma, con excitación y poder debajo de mi.

–Creo que ha llegado el momento de divertirnos de otra forma– comenta con voz ronca y seductora.

(…)

LEE EL CAPÍTULO COMPLETO AQUÍ.

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