CAPÍTULO 11 – JE T’AIME, PARÍS

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–Ahora déjame demostrarte lo que mi cuerpo puede decir de mi.– le digo en un tono seductor y muy cerca de boca.

Sólo escucho su respiración un tanto acelerada mientras comienzo a darle suaves besos en su rostro.

Beso su barbilla, sus mejías, la punta de su nariz y su frente.

Quiero besarle sus ojos, así que me acomodo de forma en que pueda retirár sus lentes, pero antes de hacerlo y de sentir que su respiración se detiene, le pregunto con un tímido “¿puedo?”, a lo que él asiente con su cabeza.

Lentamente se los quito y veo su rostro por completo frente a mi. Mantiene sus ojos cerrados y veo como sus pestañas los adornan.

–¿Estás bien?– pregunto mientras dejo los lentes a un lado.

–Nunca he estado mejor.

–Eres hermoso Elliot.– digo embobada mientras lo veo.

–Los hombres no somos hermosos París.– dice con una seductora sonrisa e lado que no conocía.

–Pues para mi lo eres y punto.

Sus manos continúan recorriendo mi espalda y yo continúo besándolo suavemente.

–Déjame sentirte París– dice bajito –déjame sentir tu piel.

–Hazlo.– respondo entregada.

–No. Quiero que lo hagamos a mi manera

“¿A su manera? ¿Cómo es eso?”

–¿Me puedes explicar?– pregunto en la misma posición.

–Quiero que nuestros cuerpos no olviden que se pertenecieron esta noche. Quiero sentirte, acariciarte y besarte. Quiero amarte por completo esta noche París, y te pido que hagas lo mismo.

–Lo haré Elliot.

–No, no has entendido– responde incorporándose de nuevo conmigo sobre sus piernas.

–¿Entonces?– pregunto ansiosa y levemente exitada.­–

–Quiero que esta noche nos amemos a mi manera. Quiero… no… necesito que me ames de la misma forma en que yo te amaré. Quiero que veas lo que yo veo en mi mente. Quiero que me sientas y conozcas cada rincón de mi cuerpo, pero sin ver París, tal y como lo haré yo.

“¿Cómo? O sea que… ¿será?”

–No…no te entiendo.

Da un profundo suspiro y lo miro pensativo, como analizando lo que va a responder.

–El día que te conocí me pregunté ¿Cómo será esta chica? ¿Cómo será su mirada? Entonces estuve a punto de abrir los ojos, pero me dio miedo. Miedo a no poder ver.

–O quizá miedo a volver a equivocarte.

–Puede ser. El asunto es que no lo hice, pero…

–Pero ¿qué?­– interrumpo inclinándome y apoyando mis codos sobre la mesa.

–Esta mañana, cuando fui a buscarte al hotel y te sentí cerca de mi, decidí que éste sería el día en que lo intentaría. Fue como un reto. Mandé a volar los miedos, las inseguridades y pensé que había llegado el momento.

(…)

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