Adelanto de “Lucía y sus hojas perfumadas”

11037330_1566189480333244_1345974130137008980_nEmma Sheridan nos trae un nuevo adelanto del “Lucía y sus hojas perfumadas” y pues tengo que decirles que la cosa se puso buena!

Esa cabrona de Sara….Ppfff… miren, no he leido la historia completa pero ya la odio, y creo que cuando ustedes lean este adelanto, se sentirán así como yo y querrán caerle a trompadas. Y bueno, Lisandro no se queda atrás. Por muy buenote que esté es un reverendo mandilón!

(…)

“Hola mi diario querido, cuánto me alivia el aroma a lavanda de tus hojas.
Volví a pasar por la casa de Sara, en un último intento por salvar nuestra amistad. No soy una persona que se va o deja los capítulos sin cerrar, así que por los años de compañerismo y momentos compartidos, jugué, creo, que mi última carta.
Junté fuerzas y toqué timbre, no me animé ni siquiera a pasar como lo hacia hace tan solo un par de semanas.
Silencio fue lo que recibí a modo de respuesta. Interpreté dos cosas, la primera, que no estaba, la segunda que no quería atenderme porque seguía enojada.
¿Cómo puede ser que una persona se enoje tanto por el hecho de que las dos tenemos los mismos sentimientos hacia un especimen masculino?

¿Justo teníamos que mirar al mismo? (como si fuera tan fácil evitarlo … es hermoso)
Sus ojos, su sonrisa, su piel … (bueno, dejo de babearte y continúo con la descripción)
No pude con mi atolondrado genio y miré a través de las ventanas. Espié, me sentí una mirona. No corría el riesgo de que alguien llamara a la policía al verme husmeando porque hasta los vecinos me conocen. Así que me sentí una voyeur libre.

En una de las ventanas que daba a uno de los patios, me asomé en puntitas de pie, casi colgándome del borde de piedra con la cual estaba revestida esa ventana. Me pareció haber visto un movimiento; pensé que había sido la sombra de algo, pero luego vi lo que mis ojos aún no creen …
Todo sucedió a modo de remolino empedernido en arrasar con mis sentimientos y destruir mi ego.

Los vi, a ellos, a Lisandro y a Sara… pasando de un pasillo a otro, arrebatándose besos, despojándose de las ropas, enroscándose el uno con el otro, jugando, usando cada parte de sus cuerpos para darse mutuo placer.

No pude dejar de mirar, quedé paralizada y congelada en ese lugar exquisitamente privilegiado para los mirones pero nada apetecible para mi estómago.
Sara se soltó su cabello y lo empujó al sillón del living, por cierto, esa ventana de mierda daba a uno de los rincones del living.

Lisandro, la sentó bruscamente en sus musculosas piernas desnudas y comenzó a acariciarle la espalda, subió hasta su nuca y le sostuvo el cabello en una cola de caballo formada con una de sus manos, con la otra le acariciaba la boca, le metía dedos en la boca de mi amiga, ex amiga, como sea que la pueda llamar ahora, le hizo chupar el dedo pulgar y ese mismo dedo resbaló hacia su pecho, le rodeo un pezón, humedeciéndolo y acariciándolo mientras Sara, la muy puta, se retorcía de placer.
El maldito, bajó su cabeza para comerle los pechos, los saboreó con ganas, con hambre hasta que la hizo gemir.

Ella, como una zorra en celo, bajó su cuerpo hasta quedar de rodillas en el suelo, para apropiarse de su miembro, lo tomó casi desprevenido, lo hizo moverse bruscamente, mientras ella se tragaba su virilidad. Subía y bajaba, con destreza, sin pudor.

Un segundo de lucidez que tuve, hizo que uno de mis pies resbalara, y me obligó a aferrarme más fuerte a la piedra donde mis manos estaban clavadas.
Evidentemente hice ruido, Sara me vio, estaba poseída por el acto, sonreía y me miraba como diciendo: “Mirame, me estoy comiendo lo que te creías que te pertenecía”.

No pude irme, algo me retuvo para que siguiera mirando, observando; parte de mí se sentía descompuesta por mirar, otra parte, se excitó.
Ella siguió lamiendo, comiendo y chupando su miembro, mientras él, en su postura entregada con la cabeza hacia atrás gruñía en un idioma que solo los amantes pueden entender, ese mismo idioma que días atrás había hablado conmigo.
¡Qué traidora de mierda!

De un sacudón la levantó con fuerza y la embistió sin piedad, ella, de reojo, me regaló una mirada, y se entregó al orgasmo.
Él, continuó penetrándola y sacudiéndose dentro de ella hasta llegar a su propio momento de éxtasis.
A ese punto, y al sentirme descubierta, no quise moverme, necesitaba ver cómo gozaba ese hermoso hombre con otra mujer, y lo vi. Lo descubrí inexplicablemente irresistible.

Cuando acabó, se relamió los labios, la movió suavemente hacia un costado y tardó unos segundos en recuperar la compostura. Mi ex amiga, me volvió a mirar, en pose de diva y me guiñó el ojo la muy puta.

Estaba por salir corriendo, miré hacia abajo para no hacer más ruido del que ya había hecho al resbalarme, y me dije a mi misma <<una última mirada y me voy>> … y observé algo que no esperaba, Lisandro, vistiéndose rápidamente, Sara, cruzada de brazos como si le estuviera cuestionando algo.

Entendí perfectamente lo que sucedía:
—¿Qué pasa? —gritó Sara.
—Lucía me pasa. Esto nunca sucedió. Lo lamento.
—¡¡Esa zorra traidora!!

No pude seguir en ese espacio, me faltó el aire, de un saltito me bajé y salí corriendo.
Me sentí terriblemente traicionada, por ella, por él, se que nunca nos prometimos nada, soy una ingenua y soñadora.

¿Qué habrá querido decir cuando dijo: “Lucia me pasa”?
Eso y más estaba dando vueltas por mi cabeza cuando salí corriendo de allí.
Algunas lágrimas cayeron sin permiso por mi cara y las sequé con bronca. No iba a dejar que toda esta situación arruinara momentos felices de mi vida.

Doblé la esquina para llegar a mi hogar para así poder refugiarme debajo de una ducha bien reparadora. Con suerte mis padres no estarían para arruinar aún más mi tarde, solo si existía un modo de seguir arruinándola.

En el momento que dirigí mi mirada hacia la puerta de mi casa, vi su auto estacionado, el auto del hombre a quien acababa de ver gozar como loco con mi amiga. Tenía sentimientos encontrados. No quería verlo. Necesitaba estar sola.

—Lucía, dejame que te explique. — Dijo dando un portazo.
—¡No!, olvidate de mí.
—Por favor preciosa. —Rogó interponiéndose en mi camino.
—Adiós Lisandro. Ya vi suficiente.

Aún no entiendo cómo mis piernas lograron moverse para correr dentro de mi casa, y subir las escaleras hacia el baño de mi habitación.
No puedo describir exactamente lo que sucede en mí, simplemente necesitaba desahogar, y me acabo de quedar sin mi mejor amiga.

(…)

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Un comentario en “Adelanto de “Lucía y sus hojas perfumadas”

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