Bailando sobre su cuerpo – Historias de una cama mojada

(…)
–Quisiera que bailes así para mi– soltó de pronto.Captura de pantalla 2015-01-23 a la(s) 9.49.06 AM

–Si quieres que alguien te baile, deberías ir a un night club. Ahí hay muchas mujeres que se mueven muy bien– contesté tranquila, aunque la verdad me moría de ganas por bailarle, pero sobre su cuerpo.

–No me interesan esas chicas, me interesas tú.

–Pues lo siento, no lo voy a hacer.

–¿Por qué? ¿me tienes miedo?

–¿Miedo?­– respondí y me giré para verlo, pero no me había dado cuenta lo cerca de mi que se encontraba. Trague saliva y continué. –Yo no le tengo miedo a nadie­.

–Entonces… ¿por qué no bailas?– siguió diciendo mientras extendía sus brazos y los apoyaba a los lados de mi cabeza, dejándome sin salida. Mi espalda estaba apoyada en la puerta y no podía ir hacia ningún lado. Me miraba fijamente a los ojos y no podía desprenderme de esa mirada ardiente que me estaba encendiendo.

–Porque no soy una de esas tipas que le bailan a los hombres. ¿Cara de qué me has visto?– dije haciéndome la ofendida.

–No he dicho que lo seas, pero le bailaste a un montón de tipos que te estaban comiendo con la mirada. ¿Por qué no hacerlo ante uno solo?– cuestionó relajado mientras acercaba su rostro a mi cuello, haciendo que su fragancia y el calor de su aliento me acariciara seductoramente.

Yo estaba inmóvil, no podía ni quería moverme. Cerré mis ojos y me dejé envolver por ese olor y la cercanía de su cuerpo. Mis bragas comenzaron a humedecerse con la simple cercanía de este hombre.

–No… no creo que a tu novia le vaya a gustar– “¿qué carajo? Sólo tenías que decirle que no Laura”

­–No tengo novia. La del otro día era una amiga– respondió casi susurrando mientras comenzaba a besarme lentamente el lóbulo de la oreja.

Cada vez se acercaba más a mi hasta que logré sentir la erección que tenía oculta en sus pantalones.  Su cercanía hizo que abriera un poco mis piernas y el bulto que cada segundo incrementaba más su tamaño se hundía en mi pelvis, haciendo que mi humedad incrementara.

–Entonces… –logré decir con un suspiro, levantando mi cabeza para que pudiera seguir besándome. Mi cuerpo lo necesitaba, lo añoraba desde aquel momento que lo escuche cogiendo.

­–Entonces… deseo que bailes sobre mi, que te quiebres sobre mi. Quiero partirte entera mientras te estoy cogiendo. Quiero que te muevas de esa misma forma mientras me tienes entre tus piernas, con mi polla adentro. Quiero cogerte mientras duren mil canciones.

Sus palabras terminaron de encenderme e hicieron que lo abrazara y me lanzara en sus labios.

Su boca era caliente y sus labios se movían con perfección en los míos. Su lengua danzaba  en el interior de mi boca con experiencia provocándome pequeños gemidos de placer

Pegué más mi cuerpo al de él mientras sus manos comenzaron a subir mi  falda. Agarró mis nalgas y me levantó como si no tuviera peso alguno y me aprisionó sobre la puerta sin dejar de besarme. Mis piernas envolvieron su cintura y la protuberancia de su verga estaba en todo su esplendor. Podía sentirla a través de mis bragas mojadas.

Sus manos continuaban agarrando mi trasero y comenzó  a restregarse entre mis piernas. Mis manos acariciaban su espalda y su cabello mientras seguía dejándome embriagar por sus besos. Sentía que mordía mis labios y succionaba mi lengua sensualmente.

Sin darme cuenta, sentí como abría la puerta de mi departamento, ya que estaba sin llave, y nos introducimos en la oscuridad de mi hogar sin dejarnos de besar. Cerró la puerta con su pie y pegó mi espalda en la pared. Dejé caer mi cartera y seguí con la exploración a través de mis caricias.

–No te sueltes– dijo de repente y sentí que soltó mis nalgas, haciendo que solo fueran mis piernas las que me mantuvieran en altura.

Sus manos se movieron a mi camisa y la retiro de un solo jalón para encontrarse con mis senos que mostraban su mejor rostro. Mis pezones estaba erguidos por la excitación.

Dejó de besarme para observarme bajo la tenue luz de la luna que se mostraba por la ventana y se metió a la boca una de mis montañas de placer, mientras consentía a la otra con su mano

Comenzó a mover rápidamente su lengua sobre mi sensible pezón y luego se lo metio por completo a la boca. Lo chupaba desesperadamente  y le daba pequeñas mordidas. Luego se separó para concentrarse en el otro.

Por momentos se separaba para soplar, provocándome cosquillas, y luego comenzaba a chuparlos de nuevo. Intercambiaba de uno a otro como un loco hambriento, como si estuviera disfrutando del más dulce elixir de su vida.

Lo único que se escuchaba alrededor era nuestra respiración,  haciendo que el momento sea todavía más excitante.

Mientras su boca seguía jugando con mis senos, tomo mis piernas y las desenredó para colocarme nuevamente de pie. Comenzó a besarme nuevamente mientras que con mis manos empecé a quitarle la camisa, hasta dejar ante mi ese torno que me había conquistado aquel día  que tocó mi puerta.

–Date la vuelta, apoya tus manos contra la pared– dijo en mi oído mientras introducía su lengua en él.

Giré mi cuerpo e hice lo que me indicó. En ese momento sentí que se arrodillaba detrás de mi, levantó mi falda para encontrarse con mis braguitas mojadas.

–Que culo tan delicioso tienes– dijo al encontrarse con mi trasero– y comenzó a bajar  mi ropa interior y por impulso saqué quebré mi cintura para entregarle los nalgas.

El baile había comenzado.
(…)

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