Reseña Y, de pronto, llegaste tú

Captura de pantalla 2014-11-07 a las 9.41.29¿Creen que todos merecemos una segunda oportunidad?
Personalmente creo que sí, aunque hay personas que han hecho demasiado daño, así que esas no merecen nada… o bueno, tal vez sí, pero en fin, creo que a veces la vida nos da la oportunidad de reflexionar, de darnos cuenta de los errores y nos da el chance de volver a empezar, y es justo en ese comienzo que ZAS! todo da un cambio rotundo y aparecen personas que llegan para cambiar nuestra vida.

Eso es exactamente lo que sucede en esta hermosa novela de Kris Jordan, “Y, de pronto llegaste tú”, una hermosa donde la autora, con una narrativa sencilla, amigable y encantadora, nos cuenta la historia de  Dean Woods, un jugador de football americano que se  a dado al abandono y lleva una vida como los mil demonios, o sea, es de los que beben, anda de mujer en mujer, se droga, le importa un pepino la vida y deja de lado su profesión, la misma que lo llevo a la cima y que ahora lo tiene por los suelos, ya que el ritmo que lleva hecho que deje de ser el gran jugador que era en sus tiempos.

Pero como les dije en un principio, a veces la vida nos ofrece otro chance, y en este caso, le tocará a Dean, que después de un suceso desagradable y de darse el susto de su vida, es enviado a un lugar donde le toca trabajar duro, con personas que desconoce, pero que llegan a formar parte de su día a día.

Sin embargo, esa segunda oportunidad también surge para Marta, la mujer responsable de recibirlo. Una mujer buena, caritativa, con una pequeña hija bastante parlanchina y un corazón de oro. Pues bien, es a ella a quien le toca recibir a Dean y enfrentarse a sus comportamientos poco peculiares, especialmente en los primeros días.

Pero no crean que todo es amor y felicidad. Para Dean las cosas no son fáciles, ya que además de Marta y su pequeña hija, en ese lugar viven dos personas más cuyo pasado las ha convertido en personas desconfiadas y difíciles de llevar, y les diré que eso es algo que me gusta de las novelas, cuando involucran a otros personajes, aunque debo admitir que me quedé con ganas de saber más de ellos.

¿Por qué me gusta? pues porque cuando sucede eso, cuando en la historia te enfocas en otras personas que no son precisamente los protagonistas, hace que la novela no sea aburrida, al contrario, la hace entretenida, ya que llevas varias historias a la vez, en un mismo libro, hace que te entusiasmes por otras cosas que no son solo un beso de los personajes personajes, hace que te preocupes, que te apenes y que quieras saber más de ellos.

El amor que surge entes Dean y Marta es muy hermoso, lleno de pasión, y de madurez, ya que ambos son personas adultas, con responsabilidades,  y aunque muchas veces los miedos de malas experiencias aparecen, al igual que los celos y la desconfianza por errores del pasado, el amor siempre sale vencedor.

Kris nos deja una historia de amor hermosa, que, como siempre digo, aunque ya puedes imaginarte el final, es lindo ver como se desarrollan las cosas. Admito que me hubiera encantado tener un poco más de chispa, o no sé si es que yo soy muy masoquista, pero me encanta vivir un poco de angustia para luego sonreír de felicidad. Y lo digo porque en esta novela, no sufrí tanto, y claro, eso es bueno, pero hay que admitir que en el amor también se sufre a veces ¿no? Sin embargo, en el interior de sus páginas podrán encontrarse con altos y bajos, con alegrías y preocupaciones, con enojos, emociones, ilusiones, situaciones hermosas que no necesariamente son presentadas por Dean y Marta, pero cuando la lean lo entenderán.

Una historia hermosa que nos demuestra que el amor puede sanar cualquier herida, cualquier pasado, una novela que nos enseña que a veces hay que hacer a un lado los miedos y lanzarnos a esa nueva oportunidad que nos está buscando, salir a la luz, no juzgar a todos de la misma forma, y que a veces, detrás de un cuerpo espectacular, también puede existir una persona noble, de buen corazón y con grandes sentimientos esperando por nosotros.

A veces vale la pena arriesgarse, a dar el salto y tomar ese regalo que nos da la vida en una segunda oportunidad, y quizá así, sólo así, sepamos lo que es la verdadera felicidad.

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