Adelanto del nuevo relato de Emma Sheridan

¡¡¡AIIIIINNNSSSSS!! Emma Sheridan no deja de sorprendernos! y esta vez lo hace con unos adelantos de lo que al parecer, será uno de sus próximos proyectos! se titula “Lucía y sus Hojas Perfumadas” Un relato que cuenta la historia de Lucía y Lissandro!

Y bueno, ustedes ya saben el estilo tan único que tiene Emma para escribir, así que acá les dejo un fragmento para que ven lo que se nos viene!

10849904_1517235985228594_3425857670568037461_n(…) ” Mayo 2, 2009
¡Hello!
¡No veía la hora de llegar a casa y contarte lo que me pasó!
¡Conocí al hombre de mi vida!
Va en contra de mis principios de gustos, porque como bien sabes me gustan rubios de ojos claros, pero este hombre, Lisandro, ese es su nombre, este hombre, ¡es hermoso!
Es morocho de ojos avellana, y una sonrisa que te deja haciendo un trompo en tu propio eje. Es devastadora. Llevo su sonrisa grabada en mi mente, y si pudiera la llevaría en todas las partes de mi cuerpo.
Es de cuerpo grande, ¡quiero que me proteja! ¿De qué? ¡No lo sé! ¿Importa acaso?
¡Estoy contenta! ¿Se me nota?, si tan solo pudieras verme la cara en este momento te darías cuenta de lo felíz que me siento…
Te cuento:
Estábamos en la terraza de la casa de Sara tomando un licuado, de esos que prepara la mamá de mi amiga, mientras terminábamos la tarea de Geografía, cuando escuché, a lo lejos, proveniente del jardín de la casa una voz varonil y medio ronca, seguida de una carcajada de Greta, la mamá de Sara, charlaban compinches y se reían amistosamente.
Miré a Sara, arrugando la cara a modo de sospecha, ese gesto que hago, guiñando un ojo y haciendo mueca con la boca.
Mi amiga no le dio importancia y me pegó un rodillazo, mientras dejaba el vaso sobre la mesa
—Ese es Lisandro, el nuevo jardinero.
—Ah, ok— contesté dandole la misma importancia que ella. O sea cero.
Pero a vos no te puedo mentir, ya el nombre me encantó desde el primer momento que lo escuché, y acompañado de toda su persona, le queda a la perfección.
Es el primer Lisandro que se cruza en mis cortos 17 años de edad. Ojalá sea el único.
¿Sabes qué?
Eso no terminó ahí, todo recién comenzaba en ese momento en que escuché su voz.
Al rato de estar sentadas ahí y ya casi terminando la actividad de esa materia que no me disgustaba, se acercó a nosotras la mamá de Sara para decirnos que se tenía que ir a una clase de piano y que Sara debería encargarse de Lisandro, pagarle por el trabajo de la semana y darle un vaso de limonada que había preparado exclusivamente para él.
—Ok ma, andá tranqui que yo me ocupo.
—¡Hasta luego princesas!
—¡Bye! — dijimos ambas al unísono.
Juntamos los útiles y bandeja con licuados y galletas para ir un rato al living de la planta baja a escuchar música, mientras esperábamos a Lisandro, perdoname diario si ves un corazoncito en el puntito de la i, es que ya ese nombre me fascina. Espero que quede plasmado este nombre hasta el final de los días.
Estábamos casi poseídas por la música, cuando escuchamos su voz:
—Hola pequeñas, ¿como están?
—¡Lisandro! — gritó Sara entusiasmada.
Yo solo pude elaborar un simple “hola” cuatro malditas letras, solo eso, que nena tonta me sentí.
—Pasá Lisandro, mamá te dejó algo.— Dijo mi amiga caminando hacía la heladera para sacar la jarra con la limonada destinada para él.
Él se acercó despacio, como no queriendo invadir.
Mi cuerpo experimentó algo extraño, desconocido, difícil de explicar, sentí como cosquillas en mi panza, pero no exactamente en ese lugar, unos centímetros más hacia abajo. Mis mejillas ardían de vergüenza como nunca lo habían hecho.
No tuve mejor idea que mirarlo, ¡Sí! Me atreví a mirarlo, ¡por dios qué hombre!
¡Me sonrió! ¡A mí! Con su dentadura casi perfecta y su sonrisa amplia y sus ojos… ¡que hermoso es! Casi me convierto en manteca derretida a fuego lento, sentí mis piernas débiles pero me mantuve firme en mi lugar.
Mis ojos no querían mirarlo más, pero mi mente les imponía lo contrario.
Volví a mirar, mientras Sara le entregaba un vaso con el líquido fresco. Él levanto la mirada, y en el momento en que hizo contacto visual conmigo hizo un ademán con la mano que sostenía el vaso y pronunció “Salud” sin sonido mientras me guiñaba un ojo.
Solo pude sostenerle la mirada ¿Qué otra cosa podría haber hecho?
Mi cuerpito, estaba semi paralizado, solo atiné a cambiar el peso del cuerpo hacia la otra pierna.
Sara ni se percató del cúmulo de emociones que estaban a punto de prender fuego todo mi ser.
Inspiré profundo, agarré mi bolso, le dije un “Chau” apurado a mi amiga y salí prácticamente corriendo de esa casa.
Por dos cuadras, corrí y caminé, no me acuerdo en qué orden. Hasta que logré calmar mi agitado corazón.
¿Qué me estaba pasando?
Cuando pensé -ilusa de mi parte- , que mi cuerpo no iba a padecer ningún otro sobresalto escuché el rugir de un auto, y una voz que decía mi nombre
—Lucía, ¿estás bien?
¡Por el amor de las extrañas fuerzas de la naturaleza! ¿Qué quiere?
Solo logré balbucear un “si” y lo miré, ya estaba más allá de si mirarlo o no.
Casi tropiezo en mi lugar cuando lo veo bajarse del auto caminando hacia donde yo estaba.
Se acercó demasiado para mi gusto, y tomó mi bolso de mano
—Te acompaño.
—No, gracias, estoy bien.
—Quiero acompañarte—. Dijo agachando su cuerpo para que sus ojos quedaran a la altura de los míos.
Observó detenidamente mi cara, y me volvió a sonreír, ¡otra vez esa sonrisa! ¡Qué lindo es!
—¿Me dejás acompañarte? No te voy a morder, simplemente quiero caminar tus pasos.
¡Caminar mis pasos! ¿No es romántico? ¡Mordéme! ¡Despertame de este sueño!
—Bueno—. Sonreí vergonzosamente.
Y así se puso a la par mía y comenzamos a andar en silencio.
Era un atardecer hermoso, a pesar de estar en otoño, el clima acompañaba a ese viernes lleno de esperanza.
Casi llegando a la esquina de mi casa, Lisandro tomó mi mano, apoyó mi espalda contra un paredón y me apretó hacia su cuerpo. Sentía como su pecho bien masculino subía y bajaba. Su aroma, ¡ay! Su aroma era… no puedo describirlo, bien de macho, y yo estaba entre sus brazos. Separó las piernas para que yo quedara a su altura y me tomó por la cintura, ya sabiendo que yo no me iba a escapar.
—Quiero probar tus labios, ¿me dejás?
Cerré mis ojos y asentí.
¡Fue el beso más dulce que me han dado hasta este momento! Disfruté el toque de sus labios al lamer los míos suavemente, su lengua, buscó dentro de mi boca para que yo le entregara la mía.
Mi mundo se detuvo, estuve atenta a todos mis sentidos, mis manos recorrieron su espalda hasta llegar a su nuca para poder acariciar su cabello; lo escuché gemir dulcemente, mientras también escuchaba el sonido de nuestras bocas al besarse, mi piel ya no era mi piel, era solo piel de gallina recorriendo todo mi cuerpo desde mi cuero cabelludo hasta la punta de mis pies.
—Sos hermosa—. Me dijo, y continuó besándome.
Sus manos grandes recorrían los lados de mi cuerpo en llamas ante su toque y sus pulgares buscaron mis pezones endurecidos.
Los acariciaron, los pellizcaron a través de la ropa mientras su boca atacaba mi cuello, y mi sangre seguía en estado puro de ebullición.
Apoyó su virilidad contra mi vientre y no pude más que gemir de locura.
Al sentir sus pellizcos, su virilidad y todo su ser encima de mí, me asusté y me escapé de su agarre, tomé envión y salí corriendo hacia mi casa.
Con el corazón latiendo a millones por segundo, los pezones con un color más oscuro y mis bragas empapadas. Crucé la puerta de casa, ¡por suerte estaba sola! ¡Y acá estoy!
¡Qué gran momento!
Quiero volver a verlo, tal vez tenga suerte y la semana que viene vaya a lo de Sara.
¿Por qué no lo dejé seguir?
¿Por qué seré tan inexperta y vergonzosa?
Tendré que dejarme llevar la próxima vez, si es que hay próxima vez.
Hasta mañana querido diario.
Me voy a soñar con su beso.” (…)

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